(Primera Columna publicada el 28 de marzo de 2009)

La columna presiente que Mauricio Sahuí Rivero, presidente estatal del PRI, ha puesto en una encrucijada al Instituto Federal Electoral. Que lo ha puesto en un atolladero, con la espalda contra la pared, si el IFE es bienintencionado.

Aclaremos de una buena vez que la columna suele equivocarse cuando atribuye intenciones rectas a los poderes e instituciones públicos que están al servicio de la ley y los derechos humanos.

Empecemos por el principio. El principio es la imprecación bíblica que Felipe Cervera Hernández, hijo del ex gobernador y precandidato del PRI —no necesariamente en ese orden—, arrojó sobre el PAN en su sermón de Motul (Diario de Yucatán, 12 de febrero).

El sermón fue una pedrada directa al PAN: “Esa víbora que envenenó a Yucatán no ha muerto, sólo tiene la cabeza pisada”. Al diagnóstico siguió enseguida la receta: hay que matar a la culebra. “Acabarla”, para ser precisos.

La minicatilinaria de don Felipe tiene una precedencia bíblica que liga a los panistas con las siete maldiciones de Jesucristo a las “víboras” (San Mateo. Capítulo 23, 13-37). Cristo califica siete veces de hipócritas a los fariseos, saduceos, escribas y compañía de doctores, maestros e intérpretes de la ley. Además los llama ciegos, guías de ciegos y sepulcros blanqueados. No había diputados entonces. “¡Serpientes, raza de víboras! —les advierte—, ¿cómo lograrán escapar de la condenación del infierno… Por fuera os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”.

En verdad no son seis sino ocho las maldiciones a los fariseos y compañeros de viaje:

Antes (Mateo 7, 3) leemos: “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo y entonces podrás ver y sacar la brizna (de paja) en el ojo de tu hermano”. El Nazareno ampliaría después esta referencia a los hábitos: “Coláis a un mosquito pero os tragáis a un camello”.

Se desató la polémica. No faltó panista que cambiara de lugar a la víbora con esta rectificación: Felipe Cervera habló ante un espejo. Vino enseguida la demanda ante el IFE: amonesta y sanciona al priísta por denigrar y calumniar al PAN.

La protesta panista incluyó un recorte de la página del “Diario” que cita los conceptos culebrinos del precandidato. Conceptos que don Felipe no desmintió. Y ya se sabe que el que calla otorga.

El IFE falló a favor del acusado: la queja del PAN carece de fundamento y por lo tanto es improcedente. En las discrepancias fundamentales, cuando una parte no tiene fundamento, el fundamento está en la otra: ni modo, los fundamentos no se fundan en el aire. Sobre todo cuando ni siquiera hay amonestación. De manera que es correcto inferir que, para el IFE, los panistas son una raza de víboras.

Hay otro desprendimiento inevitable de la decisión del IFE: al desechar por improcedente la protesta, deja como procedente el lenguaje viperino como instrumento electoral. Con este precedente, que nadie se escandalice si el lenguaje de la campaña se desarrolla en un lenguaje de carretilleros y alumnas de secundaria.

Ahora es Mauricio Sahuí el que se duele: ante el IFE acusa al alcalde meridano. Nada que asuste: está de moda acusar a César Bojórquez. Lo acusan los herederos de los saduceos, los descendientes de los escribas, los sempiternos doctores de la ley, algunos faraones de la pirámide. Lo acusa Mauricio de calumniar y denigrar al PRI al identificarlo como autor del panfleto anónimo que ha circulado con los nombres, capitales e intereses descomunales de los acreedores de Cecilia Flores.

Se supone que así como el PAN fundó su queja en las publicaciones sobre la víbora, el señor Sahuí ha fundado la suya en la publicación del panfleto. Se espera con la debida expectación el fallo del IFE sobre esta nueva confrontación de fundamentos. Hay incógnitas fundamentales que el Instituto puede despejar en la investigación consiguiente:

¿Quién es viborita: éste, ése, aquél o todos? ¿Es cierto lo que dice el panfleto? Si es cierto, ¿cómo se filtraron a los panfletinos datos tan verídicos sobre la pirámide? Si son verídicos, pues no son mentira. Si no se trata de una mentira, sino de una verdad, ¿dónde están, en qué consisten la denigración y la calumnia que el PRI denuncia?

No vaya a resultar después de todo que la calumniada es Cecilia Flores. Calumniada por las víboras que la asedian. ¿Prólogo o presagio de una campaña denigrante y viperina? ¿De una campaña transitada por camellos, fariseos y sucesores en turno? ¿Nutrida de hipocresía e iniquidad? ¿Caerán sobre los campañeros y compañeros las siete maldiciones del evangelio? La columna presiente que el IFE está en fundado atolladero: con la espalda de la imparcialidad contra la pared de la consigna.

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