(Artículo publicado el 30 de noviembre de 2009)

En un estudio entre líneas de la encuesta Wilsa sobre las preferencias políticas meridanas, publicada ayer domingo 29 de noviembre por este periódico, anclamos en dos puertos negativos: un interés cívico pobre y un criterio deficiente en la mayoría de los entrevistados.

De cada 100 personas consultadas en octubre —el total fue de 400— sólo 24 pudieron decir espontáneamente el nombre de un posible candidato a la presidencia municipal. Menos de la cuarta parte.

De aquellos 24, nueve mencionaron a Rolando Zapata Bello y cinco a Angélica Araujo Lara. Estas cifras significan que de cada 100 meridanos apenas nueve conocen, mencionan o se acuerdan del diputado federal Zapata Bello. Menos de un 10 por ciento.

También se podría desprender, desde otro punto de vista, que 90 de cada 100 meridanos no tienen en la cabeza al diputado como candidato a la alcaldía.

En el caso de la señora Araujo Lara a 95 de cada 100 meridanos no se les ocurre pensar en ella como alcaldesa, a pesar de la extraordinaria difusión que el gobierno del estado le obsequia a su retrato y sus actividades, con el apoyo de los medios de comunicación adictos al Ejecutivo.

Debido a la propaganda intensa que reciben en los sectores oficiales y a la votación copiosa que se les asignó en las elecciones federales de hace menos de un año, lo lógico sería que en vez de apenas nueve o cinco por lo menos la mitad de los encuestados se refirieran a los señores Zapata y Araujo.

Esta deducción pone en duda la calidad y la espontaneidad de los votos a favor de los diputados priístas en las elecciones de este año de 2009. Más bien tiene todas las trazas de una votación a favor de un partido, más que por un candidato. Una votación inducida por medios irregulares que ya hemos analizado en este espacio.

Llama también la atención en la encuesta que el 51% de los 400 investigados afirma que votaría por el PRI si las elecciones de alcalde fueran el día de la consulta. Llama la atención porque el 54% declara que la honradez y la responsabilidad son las dos cualidades principales que esperan del próximo presidente municipal meridano.

Estamos ante una incongruencia notoria: el mayor número de denuncias y acusaciones que se han planteado hasta hoy contra las actuales autoridades egresadas del PRI, sobre todo el gobierno del estado, es por falta de honradez y responsabilidad en la administración de los fondos públicos. Los ejemplos son muy numerosos y conocidos.

Con una que otra excepción, que no está en el gobierno, todos los priístas, incluyendo a dirigentes y funcionarios públicos, se han callado la boca frente a las acusaciones y denuncias contra la gobernadora y su séquito. Séquito que incluye a los señores Zapata y Araujo. O peor: sin desmentir esas denuncias y acusaciones, han salido en defensa de las prácticas viciadas en una exhibición de partidarismo que nada bueno puede traer a Yucatán. En la actualidad, y desde hace rato, el PRI va por un lado y la responsabilidad y la honradez en sentido contrario.

Esta meditación sobre la encuesta nos lleva a la conclusión de que la mayoría de los 400 entrevistados se distinguen no sólo por su pobre interés cívico sino también por una evidente inmadurez y una aparente apatía políticas que descalifican su criterio electoral.

Pensamos, por otra parte, que las cifras, más bajas todavía, que obtienen el PAN y sus precandidatos tienen dos grandes motivos. Uno es que los panistas se han dedicado a saturar a los yucatecos, en cuanto a las actividades del partido, con sus pleitos, diferencias y divisiones. El otro es que sus precandidatos se han alejado de la opinión pública porque han estado en la banca o porque su trabajo se desarrolla en medios federales a los que no se acuerda, en importancia y amplitud, la misma exposición que se da a los protagonistas de los sucesos locales.

Para nosotros, la encuesta, si de verdad refleja a los meridanos, revela que padecemos de una falta de educación e instrucción política que convierte al ciudadano en carne de cañón para todas las irregularidades que se pueden cometer en una campaña electoral.

De este déficit, que nos pone a la orilla de retrocesos políticos y económicos muy sensibles, trasciende también que las elecciones de presidente municipal de Mérida son hasta ahora territorio de nadie.— Mérida, 29 de noviembre de 2009.

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