(Artículo publicado el 13 de octubre de 2009)

En la entrega de la catedral de Mérida a los capitostes de la televisión y la plebe pagana que los circunda, para que profanaran la iglesia centenaria convirtiéndola en escenario de una telenovela escabrosa, “Sortilegio”, hemos recordado un cuadro de El Greco en la National Gallery de Londres: “La expulsión de los mercaderes del templo”.

El pintor toledano recoge en su lienzo la única escena de Jesús con el látigo en la mano que registran los evangelios: la cólera de Cristo al echar a cuantos vendían y compraban en el templo diciéndoles: “Escrito está: Y será mi casa, casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”.

José Luis Martín Descalzo dedica a esta manifestación “de la ira de Dios” nada menos que veintidós páginas del tercer tomo de los ocho que forman “Jesucristo”, colección dirigida por el ilustre sacerdote español y publicada a mediados de los años setenta en España por la Biblioteca de Autores Cristianos y Editorial Miñón.

Autor también de notable “Vida de Cristo” y cotizados, edificantes artículos que “Diario de Yucatán” publicaba semanalmente, el Padre Martín Descalzo presenta y analiza las interpretaciones que en el curso de la historia se han aplicado a las palabras “mercaderes” y ladrones” sobre la base de los textos de los profetas, los tiempos bíblicos y los 21 versículos en los que Juan, Lucas, Mateo y Marcos relatan este episodio de los evangelios.

¿A quiénes se referían los apóstoles y los evangelistas al hablar de cambistas, mercaderes, vendedores y compradores de corderos y palomas? ¿En quiénes pensaba Jesús al atacar con el látigo a los ladrones y bandidos que invadían su casa de oración? ¿Cuál fue la razón verdadera del divino estallido de cólera? Martín Descalzo presenta, entre otras, diez interpretaciones: 1) “’Los hombres materializados’ que han convertido el templo en ‘casa de Mammón’ y en complicidad con los sacerdotes traficaban allí con el estiércol del demonio”.

(Jesús habla de Mammón como una persona, de un poder demoníaco, al que se somete un hombre codicioso en un servicio incompatible con el de Dios).

2) “El acto de Jesús no era tan sólo la justa purificación del santuario, sino también la manifestación pública de su repugnancia hacia los siervos de Mammón. El negocio —ese ídolo moderno— es para Él una forma de latrocinio”.

3) El divino pobre, acompañado de sus pobres, se precipita contra los servidores del dinero… “Quitad eso de aquí y no convirtáis la casa de mi Padre en cueva de ladrones”.

4) Jesús quiere corregir la comercialización de lo sagrado y otros abusos que se han introducido en el templo.

5) Es una revuelta de inspiración profética (dirigida contra la idolatría).


6) San Agustín ve el pecado del egoísmo: “¿Quiénes son los que venden corderos y palomas? Los que en la Iglesia buscan sus propio interés más que el de Cristo”.


7) “En todas las iglesias pueden verse aún hoy mercaderes y sacerdotes que los protegen y armonizan con ellos. Y en ocasiones los reemplazan. Pero, en realidad, todos los que entran en el templo en pos de riquezas, o de honores… todos los aprovechadores son mercaderes del templo. Y a todos los expulsa o habrá de expulsarlos Jesús”.

8) Jeremías: “¡Este es el templo de Yahvé! ¡Robar, matar, adulterar, perjurar, quemar incienso a Baal e irse tras dioses ajenos y venir luego a mi presencia en esta casa en que se invoca mi nombre para hacer luego todas esas abominaciones. ¿Es acaso esta casa, donde se invoca mi nombre, una cueva de bandidos a vuestros ojos?”.

(Baal: divinidad pagana, relacionada con el culto al oro y adorada por sirios, egipcios e incluso israelitas desviados).

9) “Lo que Jesús ataca es un culto con el que se pretende camuflar una vida de pecado y de injusticia”.

10) “La vehemencia con que Jesús arremetió contra los mercaderes ilustra, de manera gráfica, esa indecible pasión que abrasa al Señor cuando contempla el mal del mundo”.

¿Cuántas de las diez interpretaciones nos pueden servir para calificar la entrega de la Catedral a telenovelistas que en busca de lucro y fama explotan en sus telenovelas el morbo y las pasiones bajas de los telenoveleros con los pecados, abusos y otras abominaciones que menciona Martín Descalzo en su “Jesucristo?”.

Una sola bastaría para descalificar la decisión de convertir nuestra casa grande de oración en escenario de una industria que medra con infracciones al por mayor y menudeo de los diez mandamientos de la ley de Dios.

No se sabe a ciencia cierta si a solicitud de Televisa o su socia o atenta servidora, la gobernadora, se tomó esa decisión orientada a quedar bien con el poder y el dinero. Pero es verificable, en los relatos de los testigos y las reseñas de la prensa, que la decisión, en vez de oraciones y cristianos de rodillas, pobló la Catedral de escenas de circo, adoración de ídolos, colillas de cigarros, muebles rotos, neopaganos trepados en las columnas y encaramados sobre los pedestales de la imágenes, o injertados a horcajadas en los respaldos de las bancas, mientras algún irreverente se desvestía detrás del Cristo de la Unidad.

“Sortilegio” en la Catedral es un sacrilegio. Dedicamos las misas de un domingo a homilías, rezos y otros actos de desagravio a la Eucarístía por el robo de la custodia de un templo de Halachó. ¿Qué desagravio merece el robo bendecido de toda una Catedral —un robo a nuestras costumbres, tradiciones y creencias— para rendir culto y pleitesía a Mammón, Baal y sus feligreses del siglo XXI? El Greco pintaría a Jesucristo derribando cámaras y reflectores, expulsando látigo en mano por la Puerta del Perdón, por donde tuvieron el consentido atrevimiento de entrar, a los protagonistas de una ofensa imperdonable a la casa del Padre.— Mérida, Yucatán, 12 de octubre de 2009.

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