(Primera Columna publicada el 20 de mayo de 2009)

En la banca habitual, el reportero cotejaba las copias de las seis cartas para ver si todas las caras de la credencial de elector son las de Carlos Farjat, si todas las firmas coinciden.

—Embobado como estás viendo a Farjat, reportero, estás descuidando casos tanto o más importantes. ¿Te has olvidado de Cecilia Flores y el llanto de sus acreedores?.

—Estamos al día en la pirámide, don César. Sabemos de las últimas lágrimas. Las de la señora Carter en su queja contra Beatriz Eugenia, hermana de Cecilia. Es la última denuncia. ¿Quiere usted saber más?

—Sí, pero no de la última denuncia: de la primera. Alejandro Vázquez Varela la interpuso el 20 de febrero de 2009 y le sirvió a la Procuraduría para enterarse de la pirámide e iniciar las investigaciones, ¿no?

—En efecto, tiene usted buena memoria.

—Por lo menos mejor que la tuya, porque acabas de publicar una bomba y te olvidaste de encender la mecha. Recuerda lo que te dijo el procurador el miércoles 13 de mayo en la sede del Poder Judicial. ¿También se te olvidó?

—Por completo. ¿Qué me dijo?

—Que están a punto de llegarle los informes financieros sobre Cecilia Flores que le solicitó a la Comisión Nacional Bancaria en noviembre y diciembre de 2008. ¿No te parece extraño?

—Para nada. Entiendo que la Procuraduría hace bien en pedir información sobre las finanzas de Cecilia. ¿Qué tiene de raro?

—¿Cómo qué tiene de raro? ¿No te hace gestos que el procurador haya solicitado informes bancarios sobre Cecilia casi cinco meses antes de recibir la primera acusación?

—¿Cómo lo intepreta usted? —preguntó el reportero, después de meditar varios minutos en silencio.

—Yo no interpreto: yo oigo y cumplo con pasarte lo que me dicen. Unos creen que el procurador es un adivino o de perdido un profeta. Otros, malpensados, afirman que es un encubridor. Lo acusan de encubrir a Cecilia. De darle tiempo para que desapareciera. Debió detenerla desde noviembre. Arraigarla por lo menos.

—¿Por qué habría de encubrirla, don César?

—Ya entraste en el terreno de los chismes, reportero. Las malas lenguas, que todo saben, sospechan que el procurador buscaba que Cecilia le pagara a él antes que a los demás acreedores. Antes que se evaporara el dinero. Quería ser mano.

—La caridad bien entendida comienza en casa, don Pompeyo.

—Casas, reportero, casas. La casa del pariente. La casa del chambelán de la reina. La casa del señorito del PRI. Son muchas casas. No iba a haber suficiente caridad para todas. Cecilia es panista pero el dinero no tiene partido y la pirámide tampoco. La ambición es apolítica. Tal vez Alejandro Vázquez te pueda informar mejor. El fue el primero en ir al ministerio público. Después de hablar con el procurador retiró su denuncia. ¿Raro también, verdad?

—Tal vez sabía algo que asustó al procurador, don César.

—O que podría asustar a Ivonne, a sus tres cortes, a su cuartel de guerra y a los candidatos. Dicen que Cecilia grabó una conversación que a esta alturas es una confesión. Dicen… Anda, ¿por qué no le preguntas al procurador qué hay de cierto en estos rumores, conjeturas y sospechas que circulan más que las 50 batucadas de Rolando aunque nos cuestan menos?

—¿Cree usted que es necesario? Hace casi una semana que el señor fiscal nos dijo que en noviembre comenzó a pedirle informes sobre Cecilia a la Comisión. Hasta puntualizó que iba a recibirlos con cinco meses de retraso. Dio muchos detalles. Ya pasó una semana, le repito, y no ha dicho ni pío.

—Acuérdate de que el campechano esperó tres semanas para decir que no estaba donde estuvo. Farjat esperó una semana para negar que escribió lo que te había mandado. Es la moda. Calla ahora y cobra después. Anda, periodista, ten la caridad de informarle al procurador de nuestra conversación. Ya verás que algo se le va a ocurrir. De repente otra carta.

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