(Primera Columna publicada el 2 de diciembre de 2010)
—¿Cómo calificarías, Vittorio, a un pueblo, como el yucateco, donde una tercera parte tiene un ingreso limitado a dos salarios mínimos o menos; donde el salario promedio es uno de los tres últimos de México, y donde la inversión en obras físicas por el gobierno del estado es apenas de 83 pesos anuales por habitante, una de los más reducidas del país si no es la más pequeña? —preguntó César Pompeyo al mafiólogo italiano señor Zerbbera mientras asentaba una calculadora de bolsillo en la banca del parque de San Juan donde sostenían su plática cotidiana.
—Un pueblo menesteroso, César, que vive de limosna o de prestado, o de las dos cosas, si es que a eso podamos llamarle vida.
—Yo no sería tan radical, Vittorio. Es cierto que estamos quebrados, pero al gobierno le vale sorbete. La administración de Ivonne Ortega acaba de proponer al Congreso, según publica el “Diario”, una recaudación anual de 28,000 millones de pesos. Te apuesto a que gastará 30,000 millones si nos va bien, pues ya sabes cómo es de manirrota.
—Suponiendo, sin conceder, que se ajuste a los 28,000 millones, eso significaría, para los 1.900,000 habitantes del estado, un gasto de 410,000 pesos diarios. ¿Cómo te explicas que el yucateco promedio gane en términos generales dos salarios mínimos o menos mientras el gobierno dice que gasta en cada uno más de 400,000.
Don Vittorio se rascó la cabeza. Pompeyo también. La columna cree que la mayoría de los yucatecos se estarán haciendo lo mismo.
—Pues mira, César, me parece que vosotros sois una comunidad de pordioseros en manos de un gobierno botarate. Lo más sencillo es pensar que madame Ortega invierte el dinero en cualquier cosa, menos en vosotros. Esos siete pesos mensuales en obras per capita (los mencionados 83 divididios entre doce meses) huelen a caridad.
—No hay que ser tan severo, Vittorio, aunque admito que hay obras invisibles, como el parque científico donde hay pura maleza a pesar de que la señora Ortega dice que ya le metió 28 millones, como publica también el “Diario“ en una nota del martes sobre las puestas de primeras piedras en que se han quedado los 225 sueños que doña Ivonne empezó a soñar en 2010. Somos los financieros de las pesadillas, los mendigos multimillonarios, los capitalistas del despilfarro. Tenemos un gobierno de primeras piedras. Por eso nos va de la pedrada. ¿Qué propondrías para sacarnos del hoyo?
—Austeridad. En vez de tener roto el bolsillo, apretarse el cinturón como lo hace el presidente de Hungría, Pal Schmitt, para restaurar la economía enferma de su país, según la una entrevista que la revista “Time” hizo en octubre al mandatario.
—El señor Schmitt ha propuesto reducir el impuesto sobre la renta, el gravamen a las nóminas y las demás cargas fiscales, con el criterio, que aprendió hace 50 años en la universidad, de que si disminuyen en cantidad y en cuantía los impuestos, el pueblo puede gastar más, las compañías pueden emplear a más gente y se desata el crecimiento económico.
—El gobierno de Schmitt también ha reducido el número de diputados de 386 a 200, disminuido el tamaño de los Ayuntamientos y dispuesto una reducción general de sueldos. Para dar el ejemplo, el presidente se rebajó el suyo en un 80 por ciento. ¿Por qué no hacen ustedes lo mismo en Yucatán?
—Porque aquí hacemos lo contrario, Vittorio. La señora Ortega les va a dar un aguinaldo de tres meses de supersueldos a su equipo, ha subido los impuestos, elevado los gravámenes, aumentado en general las cargas fiscales y, además de que no le paga a medio mundo, anuncia que, con nuevos préstamos, nos va a adeudar en 3,000 millones de pesos que ella no va a devolver, pues 1,300 millones son pagaderos en 25 años. El resto como en el caso de san Blando, no sabemos ni cómo ni cuándo. Seguro que con más créditos, en un carrosel que no deja de girar.
Pompeyo, mareado, se apoyó en la banca antes de concluir:
—Y nada bueno nos espera en el horizonte. La discípula predilecta de Ivonne, la alcaldesa Angélica, sigue los pasos de su maestra: quiere pedir prestados 100 millones de pesos y no nos dice para qué los quiere ni cómo los va a pagar. Malos tiempos vivimos, Vittorio, y se van a poner peor si nos cruzamos de brazos.— Mérida, 30 de noviembre de 2010.
