(Primera Columna publicada el 31 de marzo de 2011)

En el parque de San Juan, Vittorio Zerbbera empezó su plática de ayer con César Pompeyo con una alusión al jaleo que se ha armado en el Congreso por una semblanza de la gobernadora publicada el lunes último en “Diario de Yucatán”.

—He avanzado bastante en mi aprendizaje del español, César, pero todavía no lo domino. Dime, ¿qué significa “zangolotear”? ¿Es una palabra vulgar? En un retrato hablado de Ivonne Ortega, el comentarista político Luis Ramírez Carrillo opina que la jefa del poder ejecutivo se zangolotea.

—No, Vittorio, no es una palabra vulgar: es un vocablo coloquial aceptado por la Real Academia de la Lengua. Puede significar…

—¿Qué quiere decir “coloquial”, César? —Es un término que se usa en las tertulias familiares, en las pláticas entre amigos, en fin en el lenguaje común y corriente. Significa, si hablas de una cosa, que la mueves en una forma continua y violenta. Si aludes a una persona, que se mueve de una parte a otra sin orden, ni concierto, ni propósito.

—¿Qué opina usted sobre la pertinencia de decir que madame Ortega se zangolotea? ¿Es una falta de respeto a su condición de mujer o su jerarquía oficial? —Yo no he leído la descripción que hace el señor Ramírez. Tendría que saber por qué recurre al verbo culpable del escándalo. Me imagino, si se trata de la persona, que podría referirse a la manera en que se menea cuando baila. Ya sabes que a Ivonne le gusta interpretar la jarana o la cumbia en sitios públicos. Si es así, quien debe decidir si hay zangoloteo o no lo hay es una voz autorizada. Por ejemplo, un crítico musical como don Jorge Alvarez Rendón.

—Puede ser también una alusión a los viajes de doña Ivonne. Es bien sabido que a cada rato se va del tingo al tango. Se va violentamente. En nuestro lenguaje coloquial, irse violentamente a un lugar significa que te vas o te llevan apresuradamente, muchas veces sin previo aviso. En este caso, no te puedo afirmar que decir que la gobernadora se zangolotea sea una expresión feliz, pero tampoco me parece descabellada.

—Podría ser, asimismo, que don Luis, por un desliz en la expresión —o porque el reportero no oyó bien—, indicó que la señora Ortega se zangolotea cuando lo que en realidad piensa es que Ivonne zangolotea.

—¿A quién zangolotea madame, César? —Lo más fácil es decir que Ivonne nos zangolotea a nosotros, los yucatecos, pero tengo mis reservas. Es cierto que por la forma en que maneja el presupuesto y trata nuestros asuntos, en un desconcierto y desorden continuos, sí cabe hablar de zangoloteo. Pero la definición de la palabra especifica que eso se hace “sin propósito”, y, ya te habrás dado cuenta, todo lo que hace su gobierno es a propósito.

—¿Y estáis incluidos vosotros en ese “a propósito?” —Claro que sí. Sin nuestra paciencia de Job, sin nuestra tolerancia infinita, Ivonne no podría zangolotear.

—¿Cuál es tu juicio personal, César? —En primer lugar, yo no he bailado con ella ni la he visto bailar. No estoy, creo yo, entre los que ella ha llevado y está llevando al baile. En segundo, me resulta muy cómodo adherirme al criterio horizontal que la presidenta de las empresarias manifestó el otro día al dictaminar que en su gremio —por fuera, no por dentro— está prohibido criticar al gobernante, haga lo que haga. Por consiguiente, me abstengo de opinar. En hacerlo yo no peco porque estoy muy acompañado.

—Bueno, César, ¿pero no considera usted que se trata de una falta de respeto? —Todo es según el color del cristal con que se mira, Vittorio. Habrá quienes se rasguen las vestiduras y denuncien que, aunque Ivonne se menee, no es correcto restregárselo. Citarán los libros de etiqueta, los manuales de urbanidad, los mandamientos de la equidad de género. Habrá también quienes señalen que, hombre o mujer, el funcionario que ha aceptado un puesto público se expone a que lo zarandeen, sobre todo si hay contoneos de por medio.

—Si le preguntas a la gente —concluyó Pompeyo—, te dirán que sea en la persona, sea en la cosa, en el gobierno de Ivonne Ortega abunda en sus tres tiempos, pasado, presente y futuro, la conjugación del verbo zangolotear. Que esté bien o mal decírselo a la señora es cuestión de pareceres, aficiones y decretos o puntos de acuerdo del Congreso. Yo creo que la opinión definitiva de los yucatecos se conocerá en las elecciones generales de 2012. El voto nos dirá cuánto nos gusta o disgusta el zangoloteo.— Mérida, Yucatán, 30 de marzo de 2011.

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