(Primera Columna publicada el 25 de noviembre de 2010)

—Hay que felicitar al PRI, César —exclama el mafiólogo italiano Vittorio Zerbbera en el parque de San Juan, después de leer en el “Diario” la respuesta del viejo partido a los nuevos protagonistas cívicos que se han unido para exigir una administración honrada y eficaz de los fondos públicos en el estado.

—Lo felicito, aunque no esté de acuerdo con sus adjetivos a los jóvenes cruzados por la decencia. He leído esos mismos adjetivos en el libro que me habéis prestado sobre las respuestas del PRI a la oposición en el escándalo nacional e internacional que fue la campaña electoral de 1969. Es una repetición.

—Entonces, Vittorio, ¿por qué alabas al PRI? Viniendo de ti, que eres un experto en mafias, el elogio sorprende.

—Lo elogio porque se va a lanzar a una campaña para bajar las tarifas eléctricas en beneficio de la “gente baja”.

—Que bajen las tarifas eléctricas no tiene nada de especial, Vittorio. Bajan en verano y suben en invierno. Claro, cada verano y cada invierno son más caras. Lo especial, especialísimo, es el as debajo de la manga que se ha guardado Mauricio Sahuí Rivero, presidente del Congreso y uno de los corifeos del partido.

—Ha trascendido, doctor, que el PRI yucateco, en respuesta a los críticos de Ivonne, se dispone a dar un campanazo de resonancia sin límites. Un campanazo que no se ha atrevido a dar ningún presidente de la república en la historia iluminada de México. Ningún diputado. Ningún senador. Ningún partido: ni el PRD, refugio de los desposeídos; ni el PAN, expresión de la clase media. Ni siquiera el PRI.

—Un campanazo sensacional, Vittorio, tanto más encomiable cuanto que el PRI es el partido de los políticos y empresarios que integran desde hace tiempo la clase de los plutócratas. El señor Sahuí, ¡agárrate!, va a pedir de un momento a otro que, para bajar las tarifas eléctricas en beneficio de las clases menesterosas, el costo de la energía eléctrica se distribuya equitativamente entre todos los mexicanos. Mientras más consumes, más pagas.

—Eso no tiene nada de raro, César. Así es en todo el mundo.

—Menos en México, doctor. Los miembros del sindicato de electricistas, al servicio del PRI desde siempre, no pagan la luz. La tienen gratis. Otros dicen que pagan un centavo por kilowatt cuando pasan de 700. En verano no paran sus aires acondicionados. En Navidad se dan gusto con sus foquitos en la sala, en los jardines, en la fachada…

—Esa luz, que según usted, despilfarran los del sindicato no es gratis, César. La pagan los demás mexicanos. Ayer, aquí en el parque, oí a una señora, que llegó en esos que vosotros decís “combis”, la oí gritar porque la van a enloquecer los cuentones que paga a pesar de que sólo tiene “dos focos y un refri” en toda la casa. ¿Qué le dan a México los eléctricos a cambio de ese privilegio?
—A México, nada. Al PRI, su voto en las elecciones. En los congresos. Es un toma y daca: luz a cambio de voto. Una conquista de la revolución.

—Pues me parece, César, una conquista discriminatoria y antipatriótica. Discriminatoria porque, si a eso vamos, los trabajadores de Pemex no deberían pagar la gasolina. Ni los empleados del agua potable pagar por el agua que consumen. El personal de Hacienda, siguiendo el mismo razonamiento, debe estar exento de impuestos. Antipatriótica, porque son precisamente las “clases bajas”, las protegidas por el PRI, las más majadas.

—Dios nos guarde de esa protección, Vittorio. Es como el cuento del lobo y el perro. El lobo flaco, pero libre, se niega a unirse al perro gordo, pero con correa al cuello.

—Pues por eso mismo duplico mis elogios al PRI, César. Ese as bajo la manga que tiene el señor Sahuí, esa iniciativa suya y del PRI de que todos los mexicanos paguen por igual, sin preferencias, sin privilegios. O todos hijos o todos entenados.

—Tal vez tengas razón, Vittorio. El campanazo de Mauricio Sahuí puede significar también que el PRI está dispuesto al fin, al cabo de un usufructuo de 80 años, a renunciar por las buenas a los “fueros” que le han permitido atar por el cuello a tanto mexicano, los “fueros” que le están permitiendo a Ivonne Ortega gastar desaforadamente los dineros del pueblo, con el resultado de que las clases bajas ya están en el suelo y Yucatán contra la pared.— Mérida, 24 de noviembre de 2010.

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