(Primera Columna publicada el 21 de diciembre de 2010)
—El imperio contraataca, César —observa el mafiólogo italiano Vittorio Zerbbera—: leo en el “Diario” que ha contratado a dos bandas de empresarios para apoyar el alza de los impuestos y de la deuda dispuesto por el Gobierno y sus apéndices en el Congreso.
—Yo no diría, Vittorio, que los han contratado. Hay que tener cuidado con el lenguaje: digamos mejor que los ha reclutado para formar un frente favorable a la multiplicación de los impuestos y la deuda que propuso Ivonne Ortega y aprobaron sus chicos del Congreso.
—Contratados o reclutados, esos empresarios me huelen a paleros —replica don Vittorio—: con la velocidad del rayo, madame Ortega los ha alineado a su servicio, apenas un día después de que el sector patronal presentado por Coparmex pusiera el grito en el cielo para oponerse a un presupuesto que está por las nubes.
Zerbbera y Pompeyo se refieren a que el grupo Cejudo y los hoteleros de Yucatán se apresuraron a manifiestar su apoyo a la gobernadora y sus crecientes apetitos pecuniarios apenas unas horas después que los 150 señores de Coparmex la regañaran porque bota el dinero sin ton ni son y todavía quiere que le den más plata.
Tanto Vittorio como César estuvieron de acuerdo en que, nos guste o nos desagrade, hay que felicitar a la gobernadora por esta manifestación de poder que significa la contraofensiva armada contra la Coparmex precisamente con sus propios colegas, con semejante rapidez y con tanta facilidad.
También coincidieron en un aspecto delator de esta división de empresarios: la diferencia en la forma. Los 150 de la oposición se reunieron a la intemperie, a puertas abiertas, de manera espontánea, en presencia de testigos independientes como son los reporteros. No fue la Coparmex sino la prensa quien informó del cónclave de contestatarios del presupuesto.
En cuanto a los ya llamados “chicos de Ivonne”, unos se reunieron en el domicilio de la señora Ana Gabriela Cejudo y los hoteleros en algún lugar no precisado. Ambas juntas fueron secretas y a ninguna asistió la prensa. Todo lo que se sabe se supo después. Todo lo que se sabe lo informó el gobierno del estado en boletines.
—Son los procedimientos de la mafia —comenta el signore Zerbbera, ducho en la materia—. Se apoyan en gatilleros del gremio tradicional de los gobiernícolas para jalarles los pies a los prudentes que hubieran preferido quedarse al margen de cualquier polémica, para torcerles el brazo los rodilleros que en privado despotrican contra el gobierno pero en público pretextan un diálogo, un diálogo que no existe, y se hincan para rendirle pleitesía a la emperatriz, aunque tengan que negar la cruz de su parroquia.
—Es una pena, César, esta implosión de empresarios en que los arrefaldados están decididos a proclamar lo que piensan, sin importales las consecuencias, y los mutilados se resignan a gritar lo contrario de lo que sienten, aunque suponga el haraquiri. Veo muy mal a Yucatán.
—No estoy de acuerdo con tu diagnóstico, Vittorio, ni mucho menos con las palabras que usas. Hay en tus conocimientos de Yucatán un déficit histórico. Mira: la clase patronal, la llamada iniciativa privada, ha sido a través de los tiempos, con excepciones tan contadas como honrosas, uno de los pilares del PRI, del sistema político responsable de lo malo que ves. En el acto de independencia, en la revolución que protagonizan los 150 de Coparmex yo veo un rayo de esperanza para el estado. A estas alturas del partido, que lleva ya 80 años, para conseguir lo que piensas primero tienes que decirlo en público.
—No están enteros esos 150 que usted menciona, César. Hay algunos que tienen un pie aquí y otro allá, que quieren estar con Dios y con el Diablo. Ahí tiene a un señor Ponce Manzanilla. Asiste a la protesta multitudinaria de Coparmex contra los derroches de madame Ivonne y la falta de transferencia en sus cuentas. Pero el mismo señor va luego a la asamblea Cejudo y jura que no le consta para nada ningún derecho de la gobernadora y ninguna opacidad en sus informes económicos.
—Es otra de nuestras aficiones, Vittorio. Entre nosotros se ve natural que te acomodes a las distintas circunstancias para que siempre quedes parado, por donde sea que el viento sople, o siempre caigas de pie sea quien fuere quien te empuje. Pero, de veras, Vittorio, hay razones fundadas para el optimismo. Estamos viendo hoy lo que antes no veíamos. La actitud del sector patronal frente al gobierno ha tenido en estos días, está teniendo explosiones que pueden derribar, quizá más pronto de lo que se piensa, el viejo edificio de la sumisión a los astros y las estrellas de la corrupción. Es mi particular punto de vista, pero, claro, lo podría variar si mañana leo en el “Diario” que alguno de los arrodillados se incorpora.— Mérida, 20 de diciembre de 2010.
