(Primera Columna publicada el 20 de diciembre de 2011)

Meditación de César Pompeyo sobre las circunstancias que han rodeado el colapso de las aspiraciones de Angélica Araujo Lara a la gubernatura de Yucatán:
Ha sido uno de los fracasos más sonados en la política yucateca por el ruido que se le hizo a su precandidatura. Los medios de comunicación oficialistas siguieron paso a paso sus actividades. En la prensa, por ejemplo, notas extensas y fotografías halagadoras para cada acto político o social que asistía. Se llegó, incluso, a publicar tímidos ataques a quien a la postre sería ungido como candidato del PRI.
No surtió el efecto deseado la inversión innecesaria de cientos de millones de pesos en maquillar la imagen de la favorita, cuarteada por los desaciertos de su administración y la agresión infame a los ciudadanos en la glorieta del túnel.
Inversión cuantiosa en aparatosas obras de ornato como las que se hacen en la Plaza Grande, el Parque Hidalgo y el Parque de la Madre. Desaciertos como el fraude multimillonario de Shakira y el oneroso, contraproducente derroche para cambiar las 80,000 luminarias de Mérida. Ataque, el de la glorieta, en que ella cargó la culpa, aunque no diera la orden.
Los sucesos del túnel ayudan a demostrar que Angélica Araujo ha sido el chivo expiatorio de los pecados de su tutora Ivonne Ortega Pacheco. La alcaldesa no pudo demostrar que tiene la capacidad y la experiencia que se necesitan para gobernar: el mando en su ayuntamiento fue ejercido por un equipo de “colaboradores” que, impuesto por la gobernadora, es el responsable, con la jefa del Ejecutivo, de los disparates que hicieron fracasar las ilusiones de la alcaldesa.
Una tras otra tuvo la oportunidad de hacer valer su investidura de presidenta del Cabildo para deslindarse de los dislates y dispendios que han caracterizado su administración, como los secretos y oscuridades que plagan su deficiente rendición de cuentas. Una vez tras otra renunció a su autonomía municipal para apostar por la servidumbre. La servidumbre a los mandatos, deseos y caprichos de la señora Ortega. El servicio cotidiano a la gobernadora como mejor camino hacia la candidatura.
Las debilidades que se han resumido en esta meditación fueron aprovechadas con un efecto demoledor por la crítica burlesca de páginas enteras en la prensa independiente. Una serie de 47 páginas en que la caricatura ingeniosa de Angélica, injertada en cada uno de sus disparates y dislates, fue explotada al máximo con una sola intención: impedir que sea gobernadora.
No hay precedente entre nosotros de semejante, sostenida y virulenta ofensiva contra la persona de un político.
Hay que hacer énfasis en que fue un bombardeo a una sola persona, no a su partido. Tiene que llamar la atención que en todas las 47 páginas nunca hubo una sola mención del PRI. La responsable de todo era la señora Araujo, no su partido. No está extraviada la conjetura de que detrás de las publicaciones pueda estar algún precandidato del PRI interesado en sacar de la jugada a la alcaldesa.
La mala es Angélica. Se le atribuye quizá el papel de villana para destronar un matriarcado devastador dirigido por Ivonne y devolver el poder en Yucatán a los sectores tradicionales del PRI. ¿Continuarán las 47 páginas con la 48, la 49, etcétera, ahora contra el candidato Rolando Zapata Bello?
Entendemos que la inexperiencia, la sumisión y la servidumbre a la gobernadora, aunadas a la falta de visión política, han contribuido a torpedear la precandidatura de la señora Araujo. Pero el responsable principal del hundimiento no es Ivonne sino el sistema político implantado desde hace más de 70 años por el PRI, un partido autoritario, antidemocrático, donde no se permite la libre expresión: la obediencia al cacique en turno y la aprobación a todos sus actos son reglas que no admiten excepción. Las ilusiones de Angélica han sido víctimas de la esclavitud mental y moral en que suele basarse la trayectoria de los señores y señoras del PRI en los puestos públicos. Una lección que puede ser saludable.
La limosna de una senaduría, consuelo a Ivonne y Angélica por sus intenciones fallidas y sus sueños frustrados, tal vez permita a la alcaldesa, si se libera de la tutoría de la gobernadora, mostrar su verdadera personalidad y sus propias facultades para desempeñar un cargo público.— Mérida, 20 de diciembre de 2011.

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