(Primera Columna publicada el 18 de noviembre de 2010)
Como tarea de sus clases de español, Vittorio Zerbbera leía el “Diccionario de refranes” (1943), obra póstuma del académico argentino José M. Sbarbi, cuando César Pompeyo llegó al parque de San Juan para sostener con el mafiólogo italiano sus comentarios habituales sobre la actualidad.
Vittorio sacó del libro un recorte del “Diario” del domingo: la fotografía de la gobernadora con siete jóvenes sonrientes, parte de los 18 que la acompañaron durante una gira sabatina en autobús.
—¿Qué lectura da usted, César, a esta foto que es una imagen de alegría, de satisfacción, incluso de euforia? ¿Qué le parece? ¿Positiva, negativa o todo lo contrario?
—En primer lugar, Vittorio, recuerde que nosotros nos distinguimos por hacer todo lo contrario. Es una de las características detonantes de la administración pública. No olvide que la señora Ortega Pacheco es una adicta a la imagen. La imagen es la llave maestra de la maquinaria oficial y la gorda del presupuesto. En segundo lugar, es más justo que tú, extranjero imparcial, nos señales qué puede haber de negativo o positivo en la fotografía.
—Bien, César. Basádonos en las corrientes sentimentales que circulan, me permitiría opinar que ese contento que vemos en la gráfica se puede definir en cinco palabras: “A mal tiempo, buena cara”.
—Desacertada definición, Vittorio. Busca otra explicación mejor de ese júbilo inédito que rodea a la gobernadora en la gráfica dominical.
—“Más vale malo conocido que bueno por conocer”.
—Una definición más distante de la exactitud, Vittorio. Inaceptable. Cualquier día de éstos tú regresas a Sicilia y se acabó, pero yo me quedo aquí.
—Cierto, César. Vayamos por otro lado. Podría ser que con esa foto les “quieran dar gato por liebre”. Es posible o es probable que se quiera simular un alborozo prefabricado, como esas risotadas enlatadas de la televisión que meten cada dos o tres minutos en los programas cómicos.
—Admito, Vittorio, que en eso de simulación hemos llegado, o han llegado ellos, a una especialización que sugiere un doctorado en el venerable oficio de la farsa. Pero rechazo también esta interpretación irresponsable. Los enfoques negativos no son tu fuerte. ¿Qué tal los positivos?
—Para mí, César, es positivo que madame Ivonne haya llevado a la gira a su perrita Gabi. Me demuestra una afición a los animales que pocos gobernantes…
—Vittorio, la perrita no se llama Gabi: se llama “Gira”. No tiene gran importancia que se acompañara de esa mascota. Mañana la puede cambiar por otra. ¿Ves algo más substancioso en la foto?
—Claro: es una presunta voltereta en las relaciones entre la gente y la gobernadora. Sobre todo entre los jóvenes. Recuerdo el escándalo en la pelea de boxeo. A mí me regalaron una playera con el letrero de “Yo chiflé a Ibón”. Yo apostaría a que ahora sacarán otra camiseta que diga: “Yo me reí con Ibón en el camión”.
—Quizá estemos ante un arrepentimiento de madame: que se propone cambiar de veras, acercarse al pueblo auténtico, no al populacho rojo que le reclutan. La foto equivaldría a un “Yo pecador, me confieso…”.
—¿Se va a confesar con Dios?
—Se va a confesar con Yucatán, César: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto ruego…”.
—Pronóstico equivocado, Vittorio. La gobernadora decreta, dispone, impone, pero si nunca consulta —pregúntale a Coparmex— menos va a rogar: no está en el programa de gobierno.
—No me negaréis, César, que la Ivonne de la fotografía no es la misma que la Ivonne de la jarana y Televisa. Como que despunta un intento de rehabilitación. Entiendo que para comenzar a acercarse a los yucatecos hay tácticas más efectivas que embutir a 18 adolescentes en un camión y llevárselos del tingo al tango. La táctica, por ejemplo, del califa de Bagdad.
—Haroún-al Raschid, quinto de la dinastía de los Abbas, y su Gran Visir (algo así como primer ministro) salían de noche, disfrazados para que nadie los reconociera, a enterarse de primera mano, sin intermediarios, de qué decía del gobierno la multitud: qué aplaudía, qué le caía mal. Lo puede usted leer en “Historia del joven rey de las Islas Negras”, una de las narraciones de “Las mil y una noches”. Tendríamos el califato de la sultana Ivonne, de la dinastía del Mechón. Si usted quiere, César, os puedo sugerir de qué se podría disfrazar madame Ivonne. Sugiero…
—No, Vittorio, no vas a sugerir nada más: ya fuiste demasiado lejos en tus lecturas extraviadas de la foto.— Mérida, 17 de noviembre de 2010.
