(Primera Columna publicada el 10 de abril de 2010) Enterado del retorno de Vittorio Zerbbera (con zeta y doble be) y César Pompeyo, el reportero los acompañó en piadosa visita a la iglesia de San Juan Bautista, donde el detective italiano imploró que los siete dones del Espíritu Santo lo iluminen en su investigación de los papeles que las mafias y el gobierno del estado, o el gobierno del estado y las mafias —el orden de los factores no altera el producto— juegan y se proponen jugar en las elecciones yucatecas de mayo. Un análisis encargado a don Vittorio por sus superiores desde su cuartel general en Sicilia.

—Ni siquiera en la catedral de Monreal, famosa por su Pantocrátor, he visto una representación tan sugerente de la Santísima Trinidad como ésta que tenéis vosotros en este templo —alaba el europeo—. La equidistancia espiritual y plástica entre el Padre y el Hijo, en su relación con el Paráclito, es particular.

El reportero suplica una traducción de los términos griegos utilizados en la descripción de la imagen.

—Pantocrátor —lo ilustra Vittorio— es el Cristo triunfante, señor del poder y la justicia, que bendice con la derecha y sostiene el evangelio con la izquierda. Muy común en la iconografía de los ritos bizantino y ortodoxo. En Monreal, ciudad cercana a Palermo, resplandece al fondo de la nave central del templo catedralicio, revestido de oro y esmalte, rodeado por los 130 murales que cubren las paredes con seis y medio kilómetros de mosaicos que pintan escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento.

—Paráclito —tercia don César— es un sinónimo al que se suele acudir cuando se desea precisar que la tercera persona del Triunvirato divino es el Espíritu de la Verdad.

—Veo que tenéis gran devoción a la Santísima Trinidad —regresa Vittorio—. ¿Hay otra en Yucatán tan conocida y venerada como ésta?
—Conocida, sí —responde Pompeyo—, pero venerada, no tanto. Y santísima, mucho menos. En la burocracia, en ciertas capas de la clientela se le rinde culto a la trinidad del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Tres poderes distintos y…

—Un solo Dios verdadero —completa el doctor en mafias.

—Diosa, Vittorio, diosa. Aquí tenemos matriarcado. La señora Ivonne preside, dirige y gobierna la trinidad. Trinidad sin paloma: lo que abunda es el pich. Cuervo para ustedes los sicilianos. Trinidad sin cruz. La cruz la cargamos nosotros. Trinidad, eso sí, con misterios. Más misterios que en la Santísima…

—¿Misterios? Eso les va a interesar a los señores de Palermo. ¿Cuáles? —interviene Zerbbera.

—La gobernadora fue designada líder juvenil global del año. Un misterio. Nadie sabe por qué. No lo saben ni siquiera los que la premiaron —aclara Pompeyo—. Tampoco sabemos cuánto nos costó el premio. Ese es otro misterio. Después de pagar las cuentas astronómicas de los noticiarios y las telenovelas, los gastos conocidos de Plácido, las facturas infladas de la ayuda social y las actividades del partido, la nómina de los periodistas —perdón, reportero, tú eres una excepción—, después de gastar el dinero a manos llenas, sin ton ni son, pedimos un crédito de 1,800 millones. ¿A dónde más se fue, a dónde se está yendo todo ese dinero? Es cierto que la bendita “imagen” nos cuesta un ojo de la cara, pero no los dos. Es un misterio en qué gastamos el resto: no lo vemos.

—Lo que no es un misterio —opina— es lo que va a pesar si en las elecciones votamos por los candidatos de nuestra Trinidad, por los angelitos de la diosa y su misteriosa liturgia. Que el Paráclito nos ilumine a la hora de votar, Vittorio, porque si metemos la pata ni el Pantocrátor nos salva del panteón. ¿O no es así, reportero?
—¿Por qué me pregunta a mí, don César? Yo sólo soy eso: reportero. No soy editorialista. En cuanto a la cruz, que los ciudadanos que van a votar decidan si vale la pena cargarla y cuánto tiempo más quieren soportarla. Ya sabe usted que lo que es un Calvario para muchos es un paraíso para algunos.

—Has puesto el dedo en la llaga, periodista —concluye don César—. En mayo vamos a elegir un gobierno para muchos o un gobierno para algunos. En el fondo, ésa es la cuestión: no hay otra. Es la alternativa crucial que debemos explicar y difundir, repetir hasta inculcar. —Mérida, 9 de abril de 2009.

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