(Primera Columna publicada el 5 de agosto de 2011)
En desplegado que publicó ayer en el “Diario”, la “Coalición Mérida está harta” plantea preguntas que, si se quedan sin respuesta, se sumarán a las razones que se han presentado para acusar al ayuntamiento de Angélica Araujo Lara de un comportamiento distante de la honradez y la decencia administrativa.
La Coalición le pregunta: “¿Cuánto ganaste con el concierto de Shakira? ¿A quiénes les vendieron las entradas? ¿Cómo está eso de que los patrocinadores pagaron en efectivo? ¿Evadieron impuestos?”.
El desplegado concluye con una invitación al lector: “Si no estás de acuerdo con la forma en que se utilizaron los recursos públicos en el concierto de Shakira, hazte fan de nuestra página de ‘Mérida está harta’”.
Recordemos algunas de las acusaciones y denuncias que se han formulado en relación con este concierto y las circunstancias que le han rodeado:
1) En ocasiones reiteradas se negó que el ayuntamiento fuera a presentar a Shakira. Es más se dijo que ni siquiera tenía conocimiento de que la cantante vendría a Yucatán.
2) Arrogándose un papel que no le corresponde, el de empresario, la comuna destinó al concierto cuantiosos fondos públicos que se debieron invertir en obras y servicios que beneficiaran a la comunidad, traspasada hoy de necesidad y pobreza.
3) Hay explicados motivos para presumir que es irreal la lista de supuestos representantes del sector privado que aportaron dinero. Un agravante: no se informa de la cuantía de las aportaciones.
4) De acuerdo con datos no desmentidos, si se hubiera contratado directamente con los apoderados de Shakira el concierto habría costado unos 11 millones de pesos. Sin que se diga el motivo, la alcaldesa Angélica recurrió a un comisionista, Darío de León, en una triangulación que elevó el costo a 18 millones.
5) Darío de León obtuvo una ganancia de alrededor de siete millones de pesos. No se sabe si todo este excedente fue para él o si ha tenido que compartirlo, por ejemplo, con la señora Araujo y el PRI.
6) El mencionado De León es el mismo comisionista que, unido al Instituto de Cultura de Yucatán, dependencia del gobierno del Estado, presentó en Chichén Itzá las actuaciones de Plácido Domingo, Sara Brightman y Elton John.
7) Es lícito suponer que en los tres eventos de Chichén tuvo ganancias similares a las que se ha agenciado en el caso de Shakira.
8) Es igualmente lógico pensar que, premeditadamente, la señora Araujo contrató al señor De León con la intención de elevar en siete millones de pesos el costo de la presentación de Shakira.
A la luz de estos ocho puntos, cabe acusar a Angélica Araujo de irresponsabilidad en el desempeño de su cargo, engaño maquinado, uso y abuso de fondos públicos con fines inconfesables y negativa a informar con suficiencia y transparencia de la inversión y los resultados económicos logrados.
La presidenta municipal basa su negativa en una cláusula de confidencialidad en el contrato que firmó con el comisionista de marras. Cláusula que le impide divulgar las finanzas del concierto. Por disposición arbitraria del ayuntamiento y el comisionista, el contrato es propiedad exclusiva de ambos y por tanto es secreto.
El sentido común debió recordarle a la alcaldesa que la ciudad, el ayuntamiento y los fondos públicos no son de su propiedad y por ende no puede haber secretos en la rendición de cuentas.
Además, el Reglamento de Espectáculos del Municipio impone la siguiente obligación (artículo 17, inciso f) a quienes presenten un concierto:
“Exhibir debidamente legalizado el contrato o documento donde conste el compromiso del artista o artistas que integrarán el espectáculo de que se trate para su presentación en esta ciudad…”.
Tal parece, pues, que el secreto y la confidencialidad en el contrato están prohibidos no sólo por la honorabilidad y la rectitud administrativa sino también, expresamente, por la ley.
La impresión consiguiente es que se ha organizado el concierto con el propósito deliberado y marrullero de obtener un lucro deshonesto con el dinero del pueblo. Shakira ha impregnado al ayuntamiento de Angélica Araujo con un tufo penetrante a corrupción.— Mérida, 5 de agosto de 2011.
