(Primera Columna publicada el 2 de noviembre de 2012)

—El dos de noviembre, día de los fieles difuntos, cumple su primer mes el nuevo gobierno de Yucatán. Ocasión oportuna, César, para que, con ayuda vuestra, responda a las preguntas insistentes del cuartel general de la antimafia sobre el porvenir que espera a las buenas intenciones de monsieur Rolando.
Pompeyo recibió con cautela esta solicitud que reanudó ayer sus charlas con don Vittorio Zerbbera en el parque de San Juan:
—En primer lugar, Vittorio, el primer mes se cumple hoy, uno de noviembre, cuando la Iglesia festeja a todos los santos. El día de los difuntos, pero los infieles, le queda mejor al período de Ivonne Ortega. En segundo término, no te recomiendo mis pronósticos. La última vez me equivoqué.
Don César enteró al mafiólogo italiano de su opinión inicial sobre la señora Ortega, recogida por la columna el 6 de diciembre de 2006: “Hay una realidad fuera de duda: Ivonne es una ventana que abre el ‘establishment’ a un aire fresco que debe oxigenar los pulmones acartonados de la política yucateca y revestirla de mayor interés. Es una razón más que suficiente para recibir a la nueva abanderada del PRI con palabras de aliento, en una bienvenida cordial”.
—Ya ves, Vittorio, me salió el tiro por la culata. Fueron cinco años de asfixia, no de oxígeno. Prefiero ahora ser más prudente.
—Sin embargo, César, en su discurso de toma de posesión (don Vittorio mostró unos papeles), monsieur Rolando, en la séptima de sus 14 cuartillas, ofreció lo que ningún gobernador había prometido antes en vuestro estado: “Yo combatiré la corrupción ferozmente. De eso todos pueden estar seguros”. Esas fueron sus aplaudidas palabras.
—Ten en cuenta —comentó Pompeyo— que el discurso de don Rolando vino después de la voracidad insaciable con la que el gobierno de la señora Ortega se atracó de corrupción. La alusión a la ferocidad responde a la necesidad urgente de que el hombre de la calle crea en las promesas de cambio, en la oferta de oxígeno que pondría fin a la asfixia. Además, si el tigre está enjaulado, ¿de qué le sirve lo feroz? ¿Puro rugido?
—¿Y cuál es, César, la jaula en la que pueden encerrar a monsieur?
—La gente que lo rodea: casi toda ayudó a Ivonne a despacharse con la cuchara grande. Las mismas fichas y las mismas cartas vuelven a estar sobre el tapete. De los primeros cuarenta funcionarios que don Rolando designó, sólo cuatro o cinco no tienen raíces en el PRI, partido que estuvo al servicio servil de los antojos de la gobernadora en sus cinco años de francachelas con el presupuesto. Once de los nuevos funcionarios vienen del congreso. ¡Once ex diputados que fueron cómplices de los excesos y los desvaríos!
—Están domesticados, amaestrados para decir que sí a todo lo que pida el señor gobernador. A nunca negarle nada. A beberle el aliento. Lo pueden rodear así de un muro infranqueable de intereses creados que le quiten los pies de la tierra y remonten sus pasos a las nubes de las apariencias reñidas con la realidad.
—No quiero, Vittorio, representar el papel de ave de mal agüero. Tampoco ser la voz discordante en el concierto de justos elogios que están orquestando las buenas medidas y las declaraciones felices del primer mes. No debemos descartar que el gabinete y su periferia estén integrados por procesiones de pecadores arrepentidos. Don Rolando puede ser el taumaturgo que obre el milagro de una conversión en masa. Una conversión del culto idólatra a la compañía leal y ortodoxa que le advierta los peligros del camino y le señale las cunetas a lo largo de la jornada de seis años.
—La autocrítica continua, propiciada por la crítica perseverante de los secretarios, los diputados y demás compañeros de viaje. Ejercidas ambas sin miedos que muerdan lenguas. Sin zalamerías que nublen el entendimiento. Esa autocrítica, esa crítica, pueden ser más efectivas que la ferocidad en la lucha contra la corrupción.
—Recapitulando, Vittorio, me parece, hasta ahora, que vale la pena correr el riesgo de un nuevo pronóstico positivo. Si las cosas siguen como parece que van, Rolando Zapata Bello nos puede hacer la hazaña de que un desfile de santos venga después de los infieles difuntos de la carroza que se fue hace un mes.— Mérida, Yucatán, 2 de noviembre de 2012.

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