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AMLO y Luis Echeverría: los 10 pecados capitales que comparten

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Luis Echeverría Álvarez más allá de coincidir en ocupar la silla presidencial de México, según analistas comparten ciertas semejanzas en las formas de gobernar, conductas que se podrían considerar como sus 10 pecados capitales
sábado, 16 de julio de 2022 · 06:00

Ególatra, populista, arrogante, demagogo, rencoroso, polémico o controvertido son algunos adjetivos que bosquejan sus personalidades y comparten Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Luis Echeverría Álvarez (LEA). 

Aunque el actual presidente de México nació 31 años después que el décimo segundo mandatario del país de la época contemporánea, las coincidencias entre los dos van más allá de los caracteres naturales o adquiridos que distinguen a ambos políticos.

Analistas, historiadores y estudiosos de la política destacan que a pesar que Echeverría Álvarez, quien falleció el sábado 8 de julio pasado a los 100 años de edad, dirigió con mano de hierro los destinos de la República hace más de media centuria, las semejanzas de su forma de gobernar con las de AMLO son mayores que las discrepancias. 

René Augusto Ramírez Benítez, maestro en Administración Pública, ofrece sus puntos de vista sobre los 10 pecados capitales con los que considera que el presidente López Obrador guarda afinidad con las ideologías y acciones que asumió Echeverría Álvarez para conducir la nación de 1970 a 1976, en la segunda mitad del siglo XX. 

El abogado en materia penal, administrativa y constitucional desmenuza cada uno de los temas en los que, de acuerdo con su perspectiva, hay concurrencias que identificarían el actuar de AMLO, a partir del comienzo de su gestión federal, el 1 de diciembre de 2018 (ya en el siglo XXI), con el de LEA. 

René Augusto Ramírez Benítez, maestro en Administración Pública, analiza las semejanzas de los gobiernos de AMLO y Luis Echeverría.- Foto cortesía
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El populismo como forma de gobierno

El populismo, más allá de la definición de una política para defender los intereses y aspiraciones del pueblo, para el maestro Ramírez Benítez es una forma de ejercer el poder y advierte similitudes entre los gobiernos de Echeverría Álvarez y López Obrador.

"Ante la reducción del crecimiento económico y las crecientes disidencias contra el régimen, Luis Echeverría enfocó su gobierno a los grupos masivos, apostándole a un populismo inspirado en Lázaro Cárdenas, atrayendo a grupos inconformes a proyectos como la Universidad Autónoma Metropolitana, y a la clase trabajadora con la creación del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores", agrega. 

El licenciado en Derecho por la Universidad Marista, coincide con el investigador Luis Aboites Aguilar, en que el fuerte populismo de LEA tenía como objetivo instaurar una afinidad no sólo popular sino también basada en el miedo, como la estrategia utilizada por intelectuales afines al expresidente llamada "Echeverría o fascismo". 

Este mismo fenómeno afirma que se reproduce en la actual administración de AMLO, pero señala que el término populismo no puede ser utilizado como un calificativo negativo o sólo para referirse a un sistema de izquierda ya que otras ideologías, aún de derecha, pueden ser populistas, como por ejemplo el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos o el liderazgo de Marine Le Pen en Francia.

"Sin embargo, el populismo es polisémico, con diversos significados y contextos, y bajo esa tesitura el populismo de López Obrador se asemeja al de Echeverría si se parte del hecho que si bien el actual Presidente es una figura con liderazgo y carisma, usa su popularidad y el apoyo social para consolidar un plan personal enfocado a su figura, apartando formalismos, procedimientos e incluso, en algunas ocasiones, violentado la ley", destaca René.

Autoritarismo demagógico de AMLO y LEA

Y el populismo que va de la mano del autoritarismo demagógico de LAE, indica el profesor universitario, lo replica AMLO con el uso de ofrecimientos, promesas de interés comunitario difíciles de cumplir y otros métodos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la ambición política del Presidente. 

La seducción que ejerce la demagogia y el autoritarismo que prevalecieron durante el sexenio de LEA, como si fuera una calca los retoma López Obrador 48 años después con decisiones casi dictatoriales en un intento por opacar cualquier oposición, que se ejemplifica en la obra "Retórica, democracia, demagogia y autoritarismo"  de Jerónimo Alayón Gómez, profesor de la Universidad Central de Venezuela. 

"A imagen y semejanza de Luis Echeverría, el actual Presidente, hecho a la vieja usanza del PRI, intenta parecer demócrata, preocupado por el pueblo y por ello busca mediática y personalmente el contacto directo, frecuente con la población en un afán por identificarse y ser considerado parte de 'el pueblo bueno'", juzga. 

A pesar de ello, algunas acciones y formas de gobernar que impone AMLO, dice el maestro Ramírez Benítez delatan un autoritarismo, una conducta totalitaria en la que, al igual que en el gobierno de LEA, en este caso bajo su partido, Morena, y su liderazgo quede el control absoluto de instituciones claves como la Secretaría de Gobierno o el Instituto Nacional Electoral por mencionar algunos.

Cuarta Transformación y Revolución Mexicana, conceptos políticos

Al igual que Luis Echeverría, el presidente López Obrador se vislumbra como la cabeza de un movimiento de transformación política y social en México, tal como el extinto jefe del Ejecutivo federal y su partido, el PRI, enarbolaron en su momento a la Revolución Mexicana. 

"El ideal revolucionario de López Obrador en favor de su movimiento político lo llama Cuarta Transformación y lo equipara a otras grades renovaciones nacionales a partir de la Independencia, la Reforma y el levantamiento armado de 1910, es decir utiliza los instrumentos históricos en favor de narrativas políticas para propagar y legitimar su discurso", considera el abogado yucateco. 

El académico, con estudios en Metodología de la Comparación Jurídica por la Universidad de Bolonia, Italia, afirma que entre los proyectos políticos de LEA y AMLO hay coincidencias en el manejo de una ideología revolucionaria, de transformación pero con el objetivo de instaurar en el imaginario colectivo una "posición histórica" de sus sexenios.

"Trascender en la historia es quizá una de las principales aspiraciones de López Obrador con su llamada 4T, ya que al llegar a la Presidencia luego de 18 años de un intenso batallar no parece satisfacerle. Sin embargo, de seguir en el camino que va también escribiría su nombre en los anales, como el de Echeverría, pero no en la forma como le gustaría o desea", subraya el maestro. 

Pobladores de Tizimín reciben los apoyos económicos del programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores del gobierno federal.- Foto Archivo del Diario

El uso electoral de los programas sociales

Curtido en las lides de las campañas políticas en busca del voto o de la aprobación de la mayoría de los habitantes de México, sobre todo de los que padecen marginación o buscan oportunidades para avanzar en la escala socioeconómica, AMLO, reconoce el maestro en Administración Pública, se pinta solo. 

"Como gobierno populista, el presidente Luis Echeverría comenzó en los primeros años de la década de los años 70 con el uso electoral de los programas sociales, con el fin de mantener el control político y socioeconómico de la población, que en un alto porcentaje por necesidad se convirtió en su clientela", rememora.

En paralelismo o por identidad, el licenciado en Derecho evoca que López Obrador se forjó en el apogeo del sexenio echeverrista como político afiliado al PRI en esas acciones como responsable del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco, su estado natal.

"Uno de los esquemas del desarrollo de la Cuarta Transformación se basa en los programas sociales con los que el gobierno federal concentra el control político y administrativo del gasto público, moneda de cambio para atraer más simpatizantes y en tiempos electorales en potenciales votos para el partido en el poder, igual al PRI de hace 50 años", afirma René. 

El empleo del Ejército y/o Guardia Nacional para "preservar" el orden y la seguridad

Uno de los temas por el cual es y será históricamente recordado Luis Echeverría, opina el maestro Ramírez Benítez es por el uso de los aparatos armados del Estado para acallar a sus críticos y para ello les transfirió un poder político muy importante.

"No se pueden olvidar la llamada matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y la masacre del jueves de Corpus Christi o 'El Halconazo' en 1971 y la 'guerra sucia', hechos en los que se acreditó la participación del Ejército y células de inteligencia de seguridad nacional, antes y durante la gestión de Echeverría", señala. 

En el caso del actual presidente López Obrador, considera que si bien existen coincidencias en relación con el empleo y la predominancia de las fuerzas armadas y la creación de la Guardia Nacional, hay puntos divergentes y específicos. 

"Es claro que AMLO no fortalece al Ejército o a la Guardia Nacional con el ánimo de trasgredir o acallar a sus detractores, ya que aún hay una abierta, amplia crítica a la actual administración federal en diversos medios de comunicación".

"Pero, es indudable que el fortalecimiento y la entrega de un mayor poder económico y político a estos cuerpos de fuerza del Estado son de preocupación nacional e internacional", abunda.

La inquietud por el empleo que hace el gobierno de estas instituciones, con una imagen muy lastimada por su aparente pasividad ante el crimen organizado, añade el académico, es motivo de llamados de organizaciones para no seguir militarizando la seguridad pública y su impacto en violaciones graves a los derechos humanos. 

"Si se toman en cuenta las estadísticas sobre los agravios a los derechos humanos de la población que tiene una tendencia a la alza, en ese sentido el gobierno de López Obrador sí comparte la estrategia que en su momento estableció Echeverría para fortalecer la milicia e inteligencia de seguridad pública", apunta el analista.  

Los trabajos del proyecto del Tren Maya de la administración de AMLO en la frontera entre Yucatán y Quintana Roo.- Foto Archivo el Diario

Obras y proyectos públicos no funcionales o faraónicos 

Con perfiles populistas y partidarios del estatismo como sistema político, Luis Echeverría y López Obrador, a pesar de los ocho sexenios presidenciales que los separan también comulgan con la emoción de realizar grandes obras que les guarde un capítulo en la historia de México. 

El triunvirato de proyectos grandiosos o faraónicos que se empeña AMLO por llevar a sus últimas consecuencias con las "inauguraciones" del Aeropuerto Internacional "Felipe Ángeles" y la Refinería Olmeca o de Dos Bocas, más el polémico Tren Maya parecen superar a lo que en su momento propuso LEA, estima René.

En contraste con lo que Echeverría legó como modelo de lo que comúnmente denominan elefantes blancos, según la historiografía es la siderúrgica "Lázaro Cárdenas-Las Truchas", que por decreto dio nacimiento a la empresa Sicartsa, en la que se invirtieron cuantiosas sumas de dinero público y en 2006 se vendió al capital extranjero.

También, apunta, es paradójico que durante la administración de Echeverría se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), institución a la que ahora ataca López Obrador al acusar a los científicos de presuntos malos manejos de recursos. Al final, sólo el tiempo definirá si las obras que impulsa AMLO serán una realidad funcional.

El manejo "personalizado" de la economía nacional

En opinión del doctor Sergio Negrete Cárdenas, profesor de la Escuela de Negocios del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, en el entendimiento, dominio y manejo del erario o hacienda pública también hay coincidencias entre Luis Echeverría Álvarez y Andrés Manuel López Obrador.

En un análisis que publicó el posgraduado en Economía Internacional por la Universidad de Essex, Inglaterra, califica al extinto mandatario y al actual presidente de México como "autoritarios, demagogos e ignorantes del mundo de la economía y las finanzas".

De hecho, sostiene que ambos, como "amantes del gasto público",  se catalogaron a sí mismos con mayores conocimientos del tema que los eruditos en la materia e incluso gracias a sus estrategias políticas podrían determinar en qué invertir el dinero de la nación.

Un botón de muestra de ese juicio del académico en la Escuela Superior de Comercio Internacional, en Barcelona, es que LEA al igual que AMLO solicitaron las renuncias de sus secretarios de Hacienda por no concordar con el manejo "personalizado" para decidir cómo llevar las finanzas públicas. 

No es un secreto que Echeverría despidió al abogado Hugo Borman Margáin Gleason y lo envió como embajador a Inglaterra por no seguir sus instrucciones en la dirección de la economía nacional. Y López Obrador aceptó la renuncia del economista Carlos Urzúa Macías, por "discrepancias en materia económica", apenas a 11 meses de su designación.

Repudio a la iniciativa privada

Aunque no de manera muy marcada, el maestro Ramírez Benítez advierte cierto paralelismo entre el trato que los gobiernos republicanos de Echeverría Álvarez y AMLO les dan a los empresarios, a los dirigentes del sector privado de la economía.

"En ambas administraciones federales se evidencian los dimes y diretes, encontronazos entre los grupos empresariales o de la iniciativa privada como consecuencia natural y espontánea de la política que las define, que el Estado es el eje rector para dirigir, administrar y controlar buena parte de la actividad económica, además de la social", explica.

Si bien en el sexenio de Echeverría, prosigue, los choques con los grupos empresariales marcaron su gobierno, en el de López Obrador a pesar de su rechazo a algunos inversionistas a los que califica como parte de "la mafia del poder" no busca un enfrentamiento directo, pero tampoco su aprobación, lo que se evidencia durante el punto más álgido de la pandemia de Covid en la que su postura ocasionó la pérdida de miles de empleos.

"Con Luis Echeverría se creó el Consejo Coordinador Empresarial para hacer frente a los ataques de la Presidencia. Con AMLO, aunque no se constituye alguna nueva organización similar sí hay un cierre de filas de los capitanes de empresas para dialogar y cabildear los intereses que comúnmente tienen los grupos empresariales con la actual visión del gobierno federal", enfatiza René. 

Acoso a la prensa crítica y el asesinato de periodistas

El maestro en Administración Pública expone que Luis Echeverría en el ejercicio del poder utilizó a los medios de comunicación para destacar la imagen presidencial, a costa de una radical estrategia para censurar la libertad de expresión y silenciar a la prensa crítica de su gobierno. 

"Me parece que esa forma mediática de emplear a los medios de comunicación en el período echeverrista se comparte con la administración obradorista, y se palpa en la logística de las ruedas de prensa matutinas o 'mañaneras', donde desde Palacio Nacional el actual Presidente dicta la agenda pública del día o de la semana", dice. 

Sin embargo, recalca que a pesar de la difusión que alcanza AMLO para minimizar a los detractores de su gobierno, no escapa a los señalamientos nacionales e internacionales que catalogan a su régimen como uno de los más permisivos en los ataques y crímenes contra los periodistas en México. 

"Hay con López Obrador un reflejo del espejo echeverrista que se manifiesta en el reciente informe del Observatorio de Periodistas Asesinados de la Unesco. México es el país más mortífero para ejercer el periodismo en el mundo. En julio de 2022 suman 12 los periodistas asesinados", precisa el abogado. 

El contexto actual contra la libertad de expresión, puntualiza René, si bien es totalmente diferente al de Luis Echeverría, con una dinámica diferente, en el de López Obrador asegura que el problema es el de la ausencia de una estrategia de seguridad, o dicho de otro modo, un tema de negligencia de políticas públicas.  

En siete meses de 2022 ya suman 12 los periodistas asesinados durante la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.- Foto Archivo del Diario

Culpar a gobiernos anteriores de la inacción o fracasos de sus administraciones

Dicen los expertos psicólogos que las personas que culpan a otros de sus yerros o errores sufren del trastorno victimista, es decir adoptan el papel de víctima para exonerase de sus propias conductas y enarbolar la compasión de los demás como defensa a supuestos ataques.

"A partir del comienzo de su sexenio, el actual Presidente culpó a las administraciones pasadas de lo que ocurre en su gobierno en cualquiera de los ámbitos económico, político o social como una forma para eludir su fracaso con expresiones populares como 'abandonaron al pueblo'", menciona el profesor universitario.

Por consiguiente, amplía, a semejanza de Luis Echeverría que se escudó en la Revolución Mexicana para consolidar su proyecto de gobierno y requirió de enemigos para reafirmarse de los que se oponían a la instauración de una democracia, ahora con AMLO también son sus oponentes los que se resisten a la Cuarta Transformación.

"Desajenarse de los fracasos o de la falta de acción en planes que son necesarios o incluso emergentes para la nación, como la pandemia del coronavirus, por ejemplo, es una táctica que asumen y emplean los gobiernos populistas, como el de Echeverría y López Obrador", concluye el maestro Ramírez Benítez.