Preparado para “picar”. Miguel “Alacrán” Berchelt expondrá hoy en la Arena Oasis de Cancún su corona superpluma del Consejo Mundial de Boxeo contra el ghanés Maxwell Awuku y tras cumplir ayer su cita con la báscula deportes

Excesos en el ring

Rafael Ramos V. (*)

Actualmente en este mundo todo es propaganda, marketing. No hay de otra.

Tenemos que vivir con ese bombardeo publicitario, que para las grandes compañías se traduce en una sola palabra: dinero. Ingresos y recursos que, para bien o para mal, sostienen muchas veces los espectáculos.

Recientemente asistí, en Cancún, a una función de boxeo en la que se disputó un campeonato mundial. Al ver el escenario completo pude dividir el área de la función en dos partes básicas: la primera, donde están las gradas, y la segunda, el cuadrilátero y su alrededor, llamado “zona técnica”.

En las gradas el ambiente y escenario eran espectaculares. Entre los aficionados había permanentemente un show que incluía jóvenes vestidas de monjas, zancudos, bellas edecanes, mimos, pantallas gigantes, luces de colores y anuncios luminosos de diferentes patrocinadores. Esto es aplaudible y entretiene, entre round y round, a los asistentes con eventos que el espectador no se espera. Que el marketing de los patrocinadores se imponga es entendible, pero hay ciertas reglas que las comisiones de boxeo deben vigilar su cumplimiento estricto, como son el cuadrilátero y la zona técnica.

En los alrededores del ring, la llamada “zona técnica”, deben estar solamente las autoridades o las personas que intervienen o son parte de la función y las peleas, como los doctores, jueces, el comisionado, entrenadores y su equipo y los fotógrafos profesionales.

Pero sucede que en una falta de respeto precisamente hacia esas personas, hay en esa zona gente que ni remotamente tiene porqué estar allá, incluso su permanencia es un peligro para ellas mismas.

Ahora la parte más importante: el ring, lugar donde se escenifican las peleas. Por definición, su principal objetivo es lograr que los observadores del combate no pierdan detalle en el desarrollo y ayudar al público para que pueda apreciar la contienda. El cuadrilátero debe de estar rodeado por tres o cuatro cuerdas, las cuales señalan el área válida de la pelea y brinden seguridad a los púgiles.

Estas cuerdas deben de tener un diámetro entre tres y cinco centímetros y pueden estar cubiertas de material suave o liso, de acuerdo con los reglamentos.

En la función en comentario, las cuerdas no eran las reglamentarias, sino eran cintillas anchas de mucho más de 5 centímetros, con propaganda impresa, las cuales molestaban la visión e impedían a los aficionados ver correctamente el combate y en muchos casos observar el intercambio limpio de golpes durante la contienda.

En el cuadrilátero el aficionado que paga no va a ver propaganda, va a ver la función. Las ahora llamadas cuerdas con un despliegue de anuncios impiden la visibilidad cómoda. Hay propaganda en la lona, las esquinas y ahora indebidamente en las cuerdas, violando el diámetro que éstas deben tener por reglamento.

Considero que los patrocinadores tienen derecho a ganar dinero, para eso invierten no hay duda, pero en el ring y la zona técnica se debe respetar rigurosamente el Reglamento de boxeo, pues los contrincantes se juegan la vida en ese deporte.

Las cuerdas no deben tener propaganda.

Sería bueno recordar a los patrocinadores, por el bien del espectador, apegarse estrictamente respecto del ancho y la propaganda de las cuerdas, y cumplir lo que tanto pregonan en sus comerciales: “Nada con exceso. Todo con medida”. O no vemos nada. Mérida, Yucatán, febrero de 2018

 

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