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Ventura, “Fantasma” y un indulto grande en la México

Ni por la mente. Ni por asuntos lógicos, porque Enrique Fraga no iba a mandar a sus toros a la Plaza México.

Pero la increíble circunstancia de la vida, la “imperfección perfecta”, como le llamó Antonio Rivera, hizo que llegaran Fraga y “Fantasma” y que su lidiador fuera Diego Ventura, el rejoneador que, este año, y en los recientes también, lo ha podido todo en los ruedos.

Ventura toreó como nunca lo había hecho en México. En la Monumental de Insurgentes, en la corrida inaugural de la Temporada Grande, indultó a “Fantasma”, un jabonero criado por Fraga, que igual será recordado por el juego que brindó. Fue una perfecta comunión entre toro y centauro la que hizo vibrar a más de 30 mil espectacores en el coso más grande del mundo, marcando para siempre la primera corrida del serial capitalino.

¿Qué fue lo grande de esta faena de rabo simbólico?

Apuntes diversos aparecen en todos lados. De todo tipo, y de criterios incluso hasta disparatados.

Ventura recibió al toro de Fraga a portagayola, en un principio con labor campera, garrocha en mano, algo usual en España y Portugal, pero que en México nuestros rejoneadores no acostumbran. Y desde allí, se dieron los primeros puntos de ebullición en la Plaza México, por la forma en que paró al toro y, también, por como iba el toro con celo y codicia siguiendo al corcel sin poder darle alcance.

Ventura tomó las banderillas y dejó dos quiebros, cargando la suerte, destacando uno de ellos de forma especial, y así fue dando picelada tras pincelada a la obra de arte. Cerca de tablas, a medio ruedo… Quizá ocurrió el clímax cuando citó al toro a escasos metros y, en ese palmo de terreno, pudo ejecutar la suerte del violín, quebrando también. Pero aún pudo, montando a “Dólar”, su caballo preferido, con un par a dos manos, sin el freno o bocado, haciendo más complicada la suerte.

Tras ese desafío cumplido, se pidió el indulto a “Fantasma”, que fue concedido por el juez de plaza.

Y Ventura cerró bajándose de su cabalgadura para torear con la muleta entre los “oles”, algo que, dijo luego en una cena, “nunca me imaginé poder vivir”.

Ventura cortó este año un rabo en Las Ventas de Madrid, el primero de la historia en esa plaza, y dijo a los empresarios yucatecos Alberto Basulto y Alberto Hagar “que son sensaciones inigualables, grandiosas”, durante una cena con un grupo de amigos. Habló de su llegada pronta a la Plaza Mérida, donde se le anuncia para Año Nuevo, en una corrida que él toreó cuando llegó por primera vez en México en 2011, colgando dos veces el cartel de “boletos agotados”. “Diego se dijo emocionado por regresar al lugar donde comenzó todo en México”.— Gaspar Silveira

 

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