Foto: Megamedia

Nivel que desean mantener

No cabe duda que el tenis yucateco vivió su mejor momento durante una larga semana dedicada al Mundial Juvenil.

El nivel de juego que se vivió en el Mundial Juvenil Yucatán fue subiendo de intensidad y se rubricó con el tercer set brindado por el flamante campeón Santiago de la Fuente, de Argentina, y Liam Draxl, de Canadá, que además dieron un quinto “game” en esa manga que pasará a la historia como uno de los momentos más apasionantes del certamen.

“Sin duda es el mejor de todos los torneos jugados”, dijo Jorge Robleda Moguel, creador de este magno evento, mientras saludaba a Jorge Haro Giffenig, cuya misión al heredar la batuta de este campeonato era más que titánica.

“No fue fácil porque ir al Grado A requería de muchos esfuerzos. Pero se lograron los propósitos y cerramos una semana intensa con grato sabor de boca”, dijo el actual director del Mundial, quien tuvo muchos agradecimientos en su mensaje de despedida, durante la ceremonia de premiación.

Futuro promisorio

Y como cada año, como cada vez que cae el telón, ya se piensa en lo que viene. El monarca argentino Santiago de la Fuente ya ofreció su deseo de volver a Mérida el próximo año a defender su corona, y el batallón francés, que llegó con sus mejores armas al Club Campestre, también se manifestó dispuesto al retorno y volver a mostrar su gran nivel.

“Claro que volveríamos. El torneo ha sido maravilloso y ver a nuestros chicos crecer como aquí nos motiva a seguir trabajando. Diane (Parry, la campeona) tiene todavía para dos años en juniors así que… veremos”, dijo el español Gonzalo López, quien recibió a nombre de la delegación francesa una placa al deportivismo.

Y los aficionados, igual de felices. Había incertidumbre sobre si por ser domingo irían a las finales, pero la canchaestadio “Lorenzo Molina Casares” registró un lleno impresionante de unas dos mil personas, más otros que se quedaron fuera.

La impresionante inauguración de una semana antes, que dejó boquiabiertos a muchos, el tenis de nueve días (contando la calificación) y las finales mostraron que la intención de estar otra vez en el Grado A era algo tan necesario como justo.— GASPAR SILVEIRA MALAVER

 

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