Foto: Megamedia

A un año de la Serie del Rey perdida en Monclova, una final que Yucatán tuvo para triunfar

En una noche de gala de la Liga Mexicana en los años 90, un elegante Beto Ávila, entre foto y foto que todo mundo le pedía tomarse con el primer latino campeón de bateo en Grandes Ligas, me dijo una frase que, cuando los Leones perdieron el Juego 6 de la Serie del Rey de 2019, me retumbó, pues me la repitió alguien presente en el Estadio Monclova.

“Para ganar un campeonato se necesitan cabeza, corazón y c…”, dijo el ilustre y desaparecido astro veracruzano que ganó en 1954 el título de bateo de la Liga Americana. El 1 de octubre de 2019, como ayer, los Leones pudieron ganar el Juego 6 y campeonato, su quinta estrella en la Liga Mexicana. Deportivamente lo estaban logrando en el “Horno Más Grande de México”, el Estadio Monclova. Emocionalmente, y tácticamente también, los melenudos tenían atornillados a los monarcas de la Zona Norte.

Pero quizá, el 1 de octubre pasado, les faltó un poco de cada “C” que Beto Ávila no completó en la Gala de Liga Mexicana. Apunto en mi reseña de ese juego, como enviado del Diario a cubrir la Serie de Rey, que los Leones tenían que jugar perfecto y no, no lo hicieron. Dicen que cuando un Juego 6 se te va de las manos, difícilmente puedas salir a ganar el 7, más bien, resultas ser un marasmo de ideas que no te permite concentrarte.

Cuando tomamos el vuelo hacia Monclova la mañana de martes, tras la joya monumental de César Valdez en el Juego 5 en el Kukulcán, había un ambiente que inspiraba confianza. Yucatán partía con ventaja de 3-2, y el momento psicológico lo tenían de su lado. Especialmente si se considera que iba a la loma Yoanner Negrín para el siguiente duelo.

Pero había un Juego 6 que había que ganar para no llegar al choque decisivo. Ese era el que requerían ganar los melenudos. No hacerlo voltearía todo.

Hoy, recordamos la final que perdieron los Leones y que pudieron ganar, con todo y que el rival era el equipo que más dinero y refuerzos gastó y que dominó la campaña sin cesar.

Dos descuidos y…

Un error de atención hizo que en la primera entrada no se ejecutara una doble matanza en un intento de robo que cerraba la entrada. Y luego vino un hit productor. Pero lo más duro se vivió en la séptima. Tuvo mucho que ver un pelotero clave durante toda la temporada, especialmente en la Serie del Rey: Xavier Scruggs. El estadounidense, embasado en segunda, se perdió en el momento en que Jorge Flores bateó un bombeadito al derecho y le hicieron aut entre la segunda y la tercera, matando la amenaza. ¡Scruggs otra vez!

Lo peor es que en el cierre, las manos les temblaron a los Leones. Con corredor en segunda y primera y un aut, Erick Aybar bateó un rodado para dobleplay que era la salida de esa entrada sin daño, dejando el score aún 2-2. Pero el camarero Wálter Ibarra no pudo fildear a la primera el rodado, la atacó inseguro, y lo que parecía la salvadora jugada, terminó solo en un out. No es lo mismo estar en el campo que verlo desde fuera, aclaro. Pero desde mi posición en las tribunas, quedaba de frente a Ibarra, y el rodado era de esos cantados para dobleplay. El siguiente bateador, Julio Peguero, disparó monstruoso jonrón que puso el marcador 5-2 y enterró a las fieras esa noche… Y para la siguiente también. Diría el “Mago” Septién: “La presión de un Clásico de Otoño”… Sí. Una final define a unos por sobre los demás, definitivo.

El Juego 7 fue una serie de circunstancias a las que los melenudos no pudieron sobreponerse, incluso comenzaron ganando con jonrón de Liddi. Algunas, las arrastraron en toda la Serie del Rey. Veamos…

Yucatán ganó el arranque de la gran final y tuvo todo a su favor entonces, incluso para coronarse en casa, pero Monclova empató al ganar el Juego 2, y dejó mudo al Parque Kukulcán al agenciarse el Juego 3, que garantizó el regreso a casa. Yucatán, para coronarse, tenía que hacerlo por primera vez jugando de visitante. Eso nunca le ha pasado desde que se estableció el formato de series finales (su primer título, en 1957, fue al final del calendario), pues perdió la de 1989 en Laredo y la de 2007 en Monterrey. Había un antecedente histórico negativo.

Los Leones de 2019 eran distintos. Tenían al equipo mejor confeccionado de los últimos años en ese momento (antes, fue una pesadilla con Luis Carlos Rivera). Dirigidos por Gerónimo Gil, ganaron bien todo lo que siguió hasta llegar a la final.

Pero en la Serie del Rey pasaron varias cosas.

Una, no usaron banca salvo para corredores emergentes y cambios defensivos forzados por los anteriores. Y en el pino tuvieron a gente para poder cambiar, al menos, la fisonomía de un line up que se vio chato a ratos, como presionado. Hay que decir que hubo peloteros de gran valía (todos valen, pero algunos más que otros). Alex Liddi jugó los siete partidos con enorme dolencia en la espalda (infiltrado antes de los juegos con la zona lumbar morada), y “Pepón” Juárez también vio acción a pesar de que sufría hasta para caminar correctamente.

¿Y la banca?

Recordemos, por ejemplo, cuánto aporte dieron a los Leones jugadores como José Juan Aguilar, Humberto Sosa y Héctor Hernández. Este último, en un lapso del calendario regular impuso marca de juegos bateando de hit con 24. Y comió banca prácticamente desde que la racha terminó.

Scruggs jugó los siete encuentros y en combinado tuvo 5 hits en 27 turnos, con cinco ponches. Tuvo tres choques de 4-0 y su global de dejados en base indica que encontró a 23 compañeros en circulación y sólo a uno pudo remolcar. Gil dijo en cada rueda de prensa cuando le preguntaban si haría movimientos en su alineación, ante la baja de Scruggs, por ejemplo, y se negó tajantemente a hacerlos, aduciendo que con ellos llegó a esa etapa y con ellos se moriría. Cuántas veces no hemos escuchado la frase beisbolera de “cambiar el muñeco”, o sacudir el line up si se requiere para revitalizarlo.

¿Fue prudente dejar a Scruggs en el diamante pese a su pobre rendimiento, teniendo en banca, por ejemplo, a Aguilar, un pelotero estrella en equipos del Pacífico y de Selección Nacional, de probada valía? ¿O por qué no Sosa en turnos importantes en los que Scruggs tenía gente en base? Scruggs, no se duda, era un portento de atleta, corría y tenía poder, pero no probó su velocidad porque no se embasaba. Era un mal año, como cualquiera pudo tenerlo. Son humanos, a final de cuentas, pero todos lo son. Pat Listach, mánager acerero, pese a sus victorias, nunca dejaba de mover sus piezas, usando a su banca, subiendo y bajando peloteros en el orden al bate. El mismo estratega monclovense destacó en los previos que Yucatán tenía una banca muy profunda. Pero en la Serie de Rey, los Leones presentaron los mismos integrantes de la alineación en los siete partidos. Listach, no. Movió y movió, especialmente si notaba que alguno de sus jugadores no estaba a la altura del momento.

Particularmente, Listach habló del momento anímico que tomó la serie tras la joya de Valdez en el Juego 5. En la rueda de prensa en el Kukulcán dijo que “vamos a hacer cambios si es necesario, pero tenemos que ganar el siguiente juego”.

Los Leones quizá se confiaron porque tenían un partido más de vida, aunque se les fue de las manos cuando perdieron el Juego 6.

Hoy, 2 de octubre, se cumple el primer año del final de la Serie del Rey. Monclova izó el banderín en una noche triste para los Leones, que, desde el día antes, habían dejado ir el juego clave. Decirlo, no es resentimiento de amargado. Creo firmemente en los números y en las circunstancias del juego. Periodistas que cubrimos la batalla y miles de aficionados pensamos igual.

Algo faltó. Quizá lo que quiso decir Beto Ávila cuando le pregunté por qué los Indios de Cleveland no habían ganado un campeonato desde 1948. El vuelo de regreso a casa, y nuestros rostros, lo decía todo. Faltó algo. Eso lo recordaré por siempre.— Gaspar Silveira Malaver

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán