Antoñete, Juan Mora y las tardes para el recuerdo
Amigos aficionados…
¿Alguna vez han pensado en los toreros a los que se quedaron con ganas de ver en el ruedo?
Si pudiera retroceder el tiempo, pediría ver a Antonio Chenel “Antoñete”. Quizá con verle partir plaza, con su inseparable cigarrillo antes del primer paso, me hubiera quedado satisfecho. Vi a José Miguel Arroyo “Joselito” en Motul (mi gran ídolo de esa generación), y en televisión, o vídeos en redes sociales me han permitido admirar a muchos otros, no una, sino incontables ocasiones.
Hace poco vi por enésima vez a Juan Mora y su sueño de una noche de otoño, cuando, tras no sé cuántos años de no presentarse en Las Ventas de Madrid, con una tanda de naturales puso a la cátedra de acuerdo y, como si fuera para una película, llevaba para la faena de muleta el estoque de matar en lugar del ayudado que otros usan. ¡Véanla si pueden! La del 2 de octubre de 2010 es una tarde de esas que no se olvidarán nunca.
Ni se diga la despedida de “mi amigo” Luis Francisco Esplá, a quien tuve la oportunidad de saludar en Madrid precisamente dos años atrás, y cruzar dos o tres frases que recordaban su épica despedida de Las Ventas con el toro “Beato”, de Victoriano del Río (5 de junio de 2010), y recordando, no podía ser de otra, el tercio de banderillas que cubrió, vestido de paisano, en el festival dedicado a “El Soro”, a petición de nuestro querido compatriota Joselito Huerta.
Siempre me habían quedado los sinsabores de ver a “Espartaco” tener una tarde grande en México. Probablemente de luces no la tuvo, pero en mayo de 2018, vestido de corto en el festival en honor a Miguel Espinosa “Armillita Chico”, hizo magia con capote y muleta ante “Querido gordo”, y no he parado de recordar esa memorable actuación que le valió el indulto al novillo de Teófilo Gómez. Así que saldada la deuda personal con el maestro Juan Antonio Ruiz, nativo de Espartinas.
Y así muchos toreros más y muchas faenas más. Pero no dejo de lado a Chenel para extrañar a un torero. Cuando era un chaval (el que escribe), “Antoñete” vino a Mérida para torear un festival con otros grandes de su época, que ya hemos citado aquí. Es una de las joyas del libro “Legado de la Fiesta en Yucatán”, sin duda.
Cuando puedan, busquen la faena al famoso toro blanco de Osborne. Seguramente la encontrarán y podrán darse una idea de lo que les digo: entusiasma. Y es parte de la leyenda y la cultura del torero universal.
¿Por qué los españoles y no los mexicanos? Sencillo: más fácil encontrar vídeos de ellos que de los nuestros.
De los nuestros, tengo fotos grabadísimas, como los adioses de Silverio Pérez o el de Manolo Martínez. Esos son poemas de imágenes.
Y cierro recordando el aniversario de un amigo: Roberto Tapia, fallecido un año atrás, como ayer. ¡Cómo se extraña a personas como él! Fue, que recuerde igual, el primer de muchos velatorios o funerales a los que dejamos de acudir por la pandemia. Mi querido Robert… abrazo hasta donde estés.
La pregunta del día: ¿Como se llamaba el famoro toro blanco de Osborne lidiado por Antoñete en Madrid?
