Foto famosa de Pete Rose volando para robar una base extra con los Filis. Un editor que la publicó en Estados Unidos dijo sobre ella que la imagen tenía que darla completa porque mostraba en todo su esplendor al pelotero en su impulso y el espacio alrededor suyo

Cumple 80 años en espera de ser perdonado

Para muchos, se trata del mejor pelotero de su generación. Para otros, Pete Rose está entre los mejores de todas las generaciones.

Así se recuerda, tristemente, a Pete Rose. Olvídese de que sea el líder de hits de todos los tiempos, que haya sido un guerrero en cada turno que tomó en la caja de bateo y todas las carreras y encontronazos propiciados en su afán de buscar una base extra. Fue para el béisbol algo especial mientras estuvo en el terreno.

Peter Edward Rose (Cincinnati, Ohio, 14 de abril de 1941) no es bienvenido al béisbol. No para la gente que dirige el deporte y el recinto de sus inmortales. No, desde que el 24 de agosto de 1989 aceptó, bajo su propia firma, haber participado en apuestas que incluyeron a los Rojos de Cincinnati cuando era su mánager. Y allí fue como su sentencia: suspendido de por vida del béisbol. De su deporte, del deporte al que enalteció con cada acción que tuvo en el terreno de juego.

Rose cumplió ayer miércoles 80 años de edad. No en el olvido, porque sus hazañas deportivas serán difíciles de dejar en el pasado. Pero sí marginado.

¿Cómo pueden estar en el Salón de la Fama peloteros con pasados tenebrosos y Rose no? Ty Cobb confesó que tenía la consigna de dañar a los rivales con sus spaics afilados, exprofesamente para eso; otros jugadores se vieron involucrados en escándalos de drogas, de alcohol, de violencia. ¿Cómo el béisbol tuvo compasión con los Astros de Houston, que probadamente fueron atrapados robando señales y a su mánager lo suspendieron un año y a su couch también?

Preguntas que muchos se hacen, Pete Rose y su gente sobre todo

El castigo parece brutal. Lo impuso el entonces comisionado Giamatti en 1989, basándose en la aceptación de Rose, lo reiteró cada que pudo Bud Selig y mantiene el actual Rob Manfred.

Todos esperan solo una cosa: que su infierno termine siendo aceptado en las boletas para el Salón de la Fama, donde muchos que fueron menos que él, deportivamente hablando, presumen sus placas. En seis años ya pidió perdón tres veces, y antes, lo hizo en otras ocasiones, sin tener respuesta.

Pete Rose bateó más hits que todos (4,256), jugó en más partidos que cualquier otro (3,562) y se paró más veces en la caja que nadie (14,053 turnos). Fue el líder deportivo de la Gran Maquina Roja de Cincinnati, que tuvo a Johnny Bench, Joe Morgan, David Concepción y Tany Pérez igual y ellos sí están en Cooperstown.

Su béisbol emocionó a toda una generación. Corriendo con el casco cayéndose, barriéndose con las manos por delante. Imposible olvidar aquel encontronazo del Juego de Estrellas de 1970, llevándose arrollado a Ray Fosse, cátcher de Oakland. En los resúmenes en las redes, aparece el vídeo de ese ese choque. Así era el número 14.

Youtube video

¿Lo perdonarán algún día? Si deciden hacerlo, ojalá que sea en vida.

¿Justo hacerlo? Los más de 30 años de infierno que ha vivido tal vez sean suficiente castigo. Ya pasó muchas penas y vergüenzas.

Mejor recordémosle con el gran momento de su vida: Estadio Riverfront de Cincinnati, 11 de septiembre de 1984. Eric Show lanza por los Padres de San Diego, y Rose, bateando a la zurda, conecta la pelota al jardín izquierdo, superando la marca que parecía inalcanzable, los 4,191 hits de Ty Cobb. Rose llegó a 4,256 imparables de por vida y probablemente vendrán generaciones y generaciones y nadie llegará a ese récord sagrado, impuesto por un hombre desterrado del béisbol.

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