Una oreja para el sevillano; Ponce y Aguado, de vacío
La faena de regusto y torería añeja que Morante de la Puebla le hizo al segundo toro de la tarde, y premiada con la única oreja, resaltó sobre los destellos aislados de sus dos compañeros de cartel, Enrique Ponce y Pablo Aguado, en la segunda corrida de la Feria de San Isidro, celebrada ayer en el Palacio Vistalegre de Madrid.
La actitud con que el veterano diestro sevillano encaró la lidia de ese toro tuvo el poso del toreo más clásico, con unas formas toreramente muy “cultas” en las que ahonda desde hace tiempo, incluso en la manera de vestirse de luces, con trajes y montera de corte casi decimonónico.
Pero por encima de lo formal está el fondo de lo que Morante les hace a los toros, y en concreto a ese segundo de hoy, con el que, desde el recibo con unas entregadas verónicas hasta la hábil estocada final, todo estuvo marcado por la armonía, el temple y el buen gusto, además de esa profundidad que añade a cada suerte el irse con el pecho tras las embestidas.
Sin llegar a exigir demasiado al de Juan Pedro Domecq, noble pero medido de raza, Morante se recreó en tres series de pases con la derecha muy ligadas, con sus respectivos adornos, y una de natural, sin llegar a hilarlos, pero todos de largo y acompasado recorrido.
Ese fue el momento más redondo de la corrida, pues el de la Puebla optó por machetear pronto, aunque tardó más en matarlo, al áspero y basto sobrero de Daniel Ruiz, trocando las palmas en pitos. Y porque ni Ponce ni Aguado terminaron de concretar ninguna de sus faenas, a pesar de algunos destellos notables y de condiciones aseables de sus oponentes.
Ponce los consiguió con el primero, toro serio y de finas hechuras que adelantó ya la pauta de la excelente presentación que tuvo el sexteto de Domecq. Primero lo saludó decidido a la verónica y luego le cuajó un deslumbrante inicio de faena, saliéndose con el animal hacia los medios con ritmo y auténtica categoría de maestro, primero con la rodilla flexionada y luego con trincherazos al paso. Pero inexplicablemente se diluyó la faena que se esperaba continuara. Ponce no pudo, o no quiso.— EFE y Megamedia
Toros Ficha del festejo
Segunda corrida de la Feria de San Isidro. Palacio de Vistalegre. Casi lleno.
Los toros
Cinco astados de Juan Pedro Domecq y uno de Daniel Ruiz. De impecable presentación, de buen y noble juego en su conjunto.
Los toreros
Enrique Ponce: silencio y silencio. Morante de la Puebla: oreja y leves pitos. Pablo Aguado: ovación y silencio.
