Su regreso a la Primera División es exitoso: 2 a 0
El Brentford comenzó su primera temporada en la máxima categoría desde 1947, y consiguió un triunfo sorprendente de 2-0 sobre el Arsenal, en el partido inaugural de la campaña en la Liga Premier de Inglaterra.
Sergi Canos puso en ventaja al Brentford a los 22 minutos y Christian Noergaard hizo de cabeza el segundo a los 73, después de que Arsenal no atinó a cortar un largo saque de banda, en lo que fue un inicio perfecto para el equipo recién ascendido a la Premier frente a casi 16,500 aficionados en el Community Stadium.
Pero este triunfo viene de más atrás, de mucho más.
Los aficionados hacían colectas en los alrededores de su estadio en el oeste londinense antes de los partidos para mantener el club a flote. Corría el año 2007, el equipo jugaba en la Cuarta División inglesa y estaba en riesgo de caer en la desgracia de descender aún más.
Entonces, un aficionado de toda la vida llamado Matthew Benham invirtió 3 millones de libras para hacerse cargo de algo de la deuda del club. Desde aquel momento la suerte de los “Bees”, como se les conoce gracias al insecto de su escudo, cambió lenta, pero seguramente.
Benham, un exjugador de póker profesional que también es dueño de una casa de apuestas online y una firma de análisis de datos, ha impulsado una estrategia deportiva basada precisamente en los datos y la inversión sensata que los ha llevado a la Premier League por primera vez desde 1947.
El camino desde las profundidades de las ligas inferiores lo ha recorrido con cautela. Tras varias temporadas en la League One, como se denomina el tercer escalafón del fútbol inglés, el Brentford logró el ascenso en 2014 a la Championship, la Segunda División, dos años después de que Benham adquiriese la totalidad de las acciones del club.
Con el control absoluto del equipo Benham tenía vía libre para hacer cambios estructurales, y no lo dudó.
El jugador de póker aplicó lo aprendido en los juegos de azar con una estrategia de crecimiento que consiste en identificar jugadores subestimados, pero con potencial, basándose en un complejo sistema de análisis de datos, hacerlos crecer en el equipo —mientras, los resultados del club mejoran gracias al rendimiento de los mismos— y finalmente venderlos por una importante ganancia.
Algunos ejemplos de esta estrategia son el argelino Said Benrahma, comprado del Niza por 1.7 millones en 2018, y vendido por 23 millones al West Ham en enero de este año; u Ollie Watkins, que llegó en 2017 por 7 millones proveniente del Exeter, de Cuarta División, y se fue por 34 millones al Aston Villa el verano pasado.
Rasmus Ankersen, director de fútbol del Brentford desde 2015 e impulsor de estas medidas, lo tiene claro.
“No podemos ganar gastando más que la competencia, entonces, ¿cómo podemos ser diferentes? ¿cuáles son las deficiencias en el sistema del fútbol y cómo podemos explotarlas?”, explicó en una entrevista hace cuatro años. El resultado: el Brentford cerró su academia en 2016 y, a cambio, montó un equipo B.
Fue una decisión audaz en un país que no acostumbra a ese modelo, pero económica y futbolísticamente tenía sentido. Desde 2005 ningún canterano había debutado con el club, pues sus mejores jugadores se iban a otros equipos antes de los 16 años, cuando todavía no se pueden firmar contratos profesionales y, por lo tanto, el equipo no recibía ningún beneficio de la formación.
Desde entonces, Brentford busca jugadores liberados por todo el país que hayan podido haber sido un error.
“Los rechazados, los Jamie Vardys de este mundo, esos son por los que vamos”, ahondaba Ankersen. Ayer debutaron ganando.— el país
74
años tenía el Brentford sin jugar en la Primera División del balompié inglés.
