Imagine usted todo lo que puede pasar en su mente en lo que dura la fabricación de la última jugada del partido y el momento en que celebra un gol, literal, increíble.

En la de Miguel Mayo, cuyo gol rescató milagrosamente a los Venados FC la noche del sábado en Hermosillo, cuando parecía una derrota cantada ante los Cimarrones de Sonora, fue como una explosión, locura, llanto. Y, ni se diga, meditación.

“Me pasaron muchas cosas en la mente, desde el gol que nos meten (a los 88 minutos). Gracias a Dios pudimos regresar”, dice al Diario, desde Hermosillo, esperando volver a casa, el joven mediocampista yucateco, autor del 1-1 para los ciervos en el minuto 95.

“En mi mente siempre ha estado el que puedo dar más, en hacer algo importante para el equipo. En mi mente siempre tuve: ¡qué chingón seria meter un gol y que el equipo empate por mí! Lo decía por mí, pensaba en mí, pero era para que se logre por el esfuerzo del equipo”.

Partidos antes, a Mayo no le habían salido bien las cosas. Y claro, no le permitía sentirse bien.

“El gol en contra fue duro. Eso me impulso a despertar en ese momento, ya muchas veces me habían quedado rebotes solo frente a la portería, y las volaba y las volaba. Me decían: ‘todas las vuelas’. Imagínate todo lo mal que a veces se siente”.

“Esas críticas las convertía en algo fuerte, pensaba en que fuera algo que me fortalezca, para que cuando me llegue otra vez la oportunidad la culmine como debe de ser, porque algo quiero decir: he trabajado cada día más para ser mejor”.

Todo eso pensado en minutos corriendo en la cancha mientras se acercaba el final, y de cuando le llega el momento clave: al minuto 95.

“En ese momento, el balón queda arriba y sé que el rebote viene para mí porque el rechace siempre queda en medio, y no tenia marca. Al momento de sacar el rechace queda justo arriba, como para que la prenda de volea, pero mi compañeo me grita: ‘solo, solo’, y cuando me lo dice, reacciono, le hago de dos toques, rápido. Al momento que la paro, pica y la agarro de volada, y disparo. Si me tardaba un tiempo más, me caía la marca”.

Luego, la explosión emocional de Mayo, un joven que tiene en su recién nacida hija su gran motivación.

“En ese momento estallo de emoción, muchas sentimientos encontrados, muchas cosas pasaron por mi mente. Tenía en mente meter un gol, y muchas frustraciones también. En mi carrera andaba en un lapso de desmotivación futbolística, en saber si es para mí el fútbol, algo personal, pero mantuve la calma, enfocado en trabajar y trabajar. Estuve en un lapso de pérdida de balón. Espero que mi sequía y mi momento malo desaparezcan con este gol, preparado para lo que venga”.— GASPAR SILVEIRA

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