Pamplona ya tiene su primer gran nombre en la temporada del centenario. El toreo y México, también: Isaac Fonseca.
Pocas eran las quinielas que daban por segura su presencia al sufrir hace escasos días en Madrid una grave cornada en el muslo y una fractura en la mandíbula. Hace una semana, el mexicano se encontraba en la camilla de un quirófano y siete días después, un ciclón llamado Fonseca conquistó a lo grande Pamplona con cuatro orejas aún con las heridas de guerra abiertas y selladas por el acero de los puntos.
Fue el triunfo del querer ser, conjugado con un toreo de mano baja, siempre buscando la longitud larga en los trazos. Pero también el de tener una cabeza privilegiada unida a un arresto simpar y una virtud natural: el de saber medir al público y conectar con él.
El mexicano supo sujetar la embestida del segundo cuando marcó su querencia a tablas y supo poner la transmisión que carecía al quinto. Se puede entrar en la disconformidad en el número de orejas, pero menos en la capacidad y el sitio que tiene llamado a ocupar.
Por encima de todo, la ambición y la lección de un auténtico ciclón.
Álvaro Alarcón sacó agua de un pozo seco para cortar una oreja, mientras que Jorge Martínez cuajó el toreo al natural con una desigual novillada de Pincha, que contó con un novillo de vuelta al ruedo. Interesante la tarde ante tres cuartos de entrada, en el primer festejo en tres años en el coso de la calle de La Misericordia, que celebra cien años en este 2022.
Diez minutos corría de festejo, cuando Fonseca demostró que no había reaparecido en Pamplona para pasar la tarde, sino para que la tarde fuera suya. El quite por chicuelinas en el primero marcaba la tónica que luego se repitió en el segundo en un tercio de quites de competencia por gaoneras entre Alarcón y Fonseca.
Con el cuchillo entre los dientes, el mexicano se plantó de hinojos en el centro del ruedo para torear con la derecha con un encaje y una templanza más propio del toreo a pie. Incluso, redujo la embestida en varios muletazos y en un cambio de mano muy templado.
Tuvo este segundo una embestida encastada, con humillación y transmisión, pero que tendió, a medida que fue pasando la faena, a marcar su querencia hacia los adentros.
Muy hábil, Fonseca supo darle celo en los muletazos hacia adentro dejando la muleta en la cara. Bajó la mano el mexicano en una faena muy maciza, de enorme claridad y templanza.
Remató por bernadinas y tras una estocada desprendida, el presidente sacó las dos orejas y la vuelta al ruedo al novillo en una decisión que sorprendió.
No contento, Fonseca recibió al quinto con varias largas cambiadas de rodillas, antes de comenzar su faena por estatuarios. El de Pincha, tan acucharado de pitones, como abierto de sienes, fue y vino, sin suma humillación ni transmisión. El michoacano buscó siempre la media distancia, la inercia, sin apretar al novillo.
El final, entre los pitones, pasándose el toro por la espalda mantuvo la mecha del público que tras una estocada, pidió las dos orejas que fueron concedidas sin mucha resistencia.
Fonseca, que hizo el esfuerzo de reaparecer con una placa de titanio en la mandíbula después de que un novillo se la fracturara en Madrid hace diez días. Y tuvo una recompensa enorme a su decisión de arriesgar para salir lanzado desde el centenario coso de La Misericordia ante los ojos del mundo de los toros.
El joven mexicano este año en Las Ventas de Madrid, en la Maestranza de Sevilla y ahora en Pamplona. Poca cosa para muchos, particularmente los españoles, duros para aceptar triunfos de extranjeros, como sucede con Roca Rey, de Perú.
Y el de ayer, además, llega en un momento en que la tauromaquia de su país lo requería con urgencia. La prohibición de las actividades de toros en la Plaza México tiene en vilo el futuro de la fiesta en una nación que ha recibido a los grandes de este antiguo ritual.
Fonseca brindó la muerte de su segundo astado precisamente a los que la están defendiendo, los que están luchando por mantener la tradición, y los aficionados que le escucharon en la plaza hicieron eco de sus peticiones, igual que quienes le vieron por televisión y en las redes sociales. Fonseca llegó no solo a hacer el paseíllo. Lo hizo como un huracán.— Mundotoro y EFE
