Nadie es profeta en su tierra. Pero si triunfas por tu terruño y además dejas huella, puedes sentir más que orgullo, como lo está viviendo la pelotera Adriana Palma Guerrero.
Seguramente los aficionados al béisbol la habrán visto desde niña recorriendo los campos acompañando a su padre, también en los diamantes tratando de abrir su propio sendero.
Hoy en día Adriana del Carmen Palma Guerrero puede sentirse satisfecha de sus logros porque, cómo seleccionada nacional, fue parte de la novena mexicana que obtuvo el boleto para el Campeonato Mundial Femenil de 2023. En La Guaira, Venezuela, las tricolores finalizaron terceras en el Premundial, y Adriana cumplió importante papel.
Pero su medalla vale tanto como la huella que dejará. Como la de Lupita Worbis, que fue la primera niña registrada en un equipo de forma oficial en la Liga Yucatán, como también siguieron el camino, años atrás, las hermanas Morejón Rojas. El béisbol se abrió en Yucatán, pero falta mucho por hacer en materia de desarrollo y oportunidades.
“Me hubiera gustado que haya más yucatecas, me encantaría que en 2023 podamos tener a más jugadoras de aquí en selecciones nacionales”, dice Adriana, cobijada por una muy emotiva recepción en el aeropuerto meridano tras su viaje a Venezuela.
La maleta pesada y el trajín del periplo le hacían caminar a paso lento a la salida de vuelos. Las personas que le esperaban se escondieron para darle una sorpresa, entre arreglos florales, carteles de bienvenida, una bocina para darle una cálida recepción con “El Rey” de fondo. Grata sorpresa que, sin duda, le cambió el semblante
“¡Qué lindo que te reciban así. Esto no tiene precio”, señala Adriana.
Lo que ha tenido un precio y muy alto es tener que picar piedra, dejar la casa por largas temporadas porque aquí en Yucatán su deporte, en las ramas femeniles, todavía está en pañales. Antes de Venezuela hay un por qué de todo.
“Lo primero es mostrar que sí se puede. Claro, hay que sacrificar”, comenta la lanzadora y primera base.
Su pasión por el béisbol, heredado de su padre, cambió de ser un mero esparcimiento a ser un estilo de vida y un desarrollo integral que le ha llevado al seleccionado mexicano.
“Todo empezó cuando en 2018 me invitaron a jugar por Baja California. Aquí no había tanta oportunidad, y nos fuimos. Había que tomar la decisión. Quedamos campeonas, y luego me convocaron a una selección. Desde allí sigo en la selección, este año fui con Hidalgo y otra vez me llamaron. Y aquí estamos, con muchas ganas de seguir creciendo”.
México, sin duda, ha crecido en béisbol, y Adriana lo acepta. “La verdad sí, cada vez hay muchísimas más y muy buenas jugadoras”. Pero añade que “se puede desarrollar más el béisbol”.
“Hay que empezar desde abajo, desde chiquitas, a mí me ayudó jugar con niños, para ir midiendo fuerzas, me ayuda mucho para estar a su nivel. Tenemos que jugar así porque no hay equipos de este nivel. Por ello sería bueno que haya equipos de mujeres”, recalcó.
¿Hay discriminación en el béisbol?
“No como antes, pero sí. Este deporte no es solo para varones, ya se demostró. Y se necesitan apoyos importantes. Lo que pasa igual es que no toman en serio que vamos a jugar béisbol”.
Su vida y su pasión por el béisbol están enfocados en preparación intensa, pero igual va de la mano con sus estudios de medicina veterinaria en la Uady. Se leerá raro, pero no admira a algún pelotero en especial, contrario a la costumbre de tener un referente.
¿Cómo compaginas tu carrera beisbolística y el resto de tu vida?
“Estudio en las mañanas y en las tardes entreno, me entreno en la academia Santiago Huchim. Hay que administrarse bien. A veces es complicado, pero si quieres trascender tienes que hacer sacrificios”.
Logrado el objetivo de ganar el boleto con México, menos ahora puede bajar la guardia Adriana camino a la Copa del Mundo.
“Todavía falta camino, el Mundial será en 2023 y tenemos que seguir trabajando fuerte. Faltan eventos nacionales y hay importante competencia. En adelante nos estarán checando para conocer nuestro estado”.
Sus padres, Jaime Palma y América Guerrero, y su hermana Melissa han jugado un rol importante. Y es que para el crecimiento de una deportista de élite se requiere mucho de esto.
“Son mucho muy importantes. Me ayudan, aconsejan. Todavía me acompañan a mis juegos. Les gusta el deporte y para mí es bien padre tenerlos”.
La sinergia, el tándem deportista -familia siempre será clave. Pero el talento hay que trabajarlo.
“Yo recomendaría a las niñas y niños que jueguen, que se preparen, que este deporte no solo es de hombres. Las mujeres podemos, solo necesitamos que nos den las oportunidades justas y apoyos adecuados”.
¿Hay talento en el béisbol yucateco femenil?
“Sí, hay mucho talento. Esperemos que haya más yucatecas destacando pronto”, señaló Adriana.
No tardó mucho en irse a un campo de sóftbol a ver jugar a sus conocidos. Ese también es parte del disfrute y del reconocimiento a sus logros vistiendo la camisola de México.— GASPAR SILVEIRA MALAVER

