Amigos aficionados…

Se murió Manolo Martínez en agosto, también se recuerda, claro, el deceso de “Manolete”en el mismo mes y cerró ese mes celebérrimo con el aniversario luctuoso de Yiyo.

¿Cuál es la gran ganancia de ese mes, a pesar de que se recuerdan esos fallecimientos? La historia, sin duda. Porque su legado persiste aun con el paso de los años.

Las circunstancias han permitido sostener pláticas larguísimas con un gran número de aficionados, que, con seguridad, habrán visto torear a Manolo, tal vez vieron las repeticiones de la cornada de Yiyo por “Burlero” en Colmenar Viejo, y atesoran lo escrito sobre “Manolete” tras la trágica cornada de Linares en 1947.

La muerte es lo que verdaderamente le da valor a la fiesta de los toros. Parece mentira, pero es precisamente eso el engrandecimiento.

Los amigos taurinos lo saben y cada que llega la fecha de celebrar el aniversario luctuoso guardan respeto por los caídos. Manolo no murió como “Manolete” y como Yiyo, víctimas de las astas de los toros, pero Manuel Martínez Ancira fue un ícono de la tauromaquia mexicana.

No hace mucho miraba la estatua gigante de Yiyo que está en la explanada de la Plaza de Las Ventas. Y de verdad sorprende, como los azulejos de muchos toreros fallecidos que dieron grandeza a este milenario arte que, los taurinos, estamos dispuestos a defender con todo nuestro ser. Un compañero de asiento platicaba en Madrid algo que muchos han dicho: “Impresiona el ritual de jugarse la vida vestido de luces”. Si los que no tienen una idea general de lo que es la fiesta supieran al menos una mínima parte de lo que encierra este legado que nos dejaron los antepasados, harían de lado ese empecinado ideario de acabar con los toros.

Por ello, como dijo Iván Fandiño al papá de Víctor Barrio, fallecido en el ruedo, cuando le brindó la muerte de un toro. Palabras más, palabras menos: “Padre de torero grande, este brindis es una m… porque seguramente no cambia nada; tu hijo ha dignificado nuestra profesión, y gracias a él, nos podemos sentir orgullosos y defendidos en todo el mundo. Ahora también, es cierto una cosa: él está en la gloria, donde la mayoría de los mortales sueñan estar y jamás podrán”. Poco después, Fandiño se convirtió en otro héroe caído de la Fiesta, al perecer por una cornada.

Dignificar con la muerte. Se puede leer trágico, pero es nuestra realidad como taurinos.

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