Hay hazañas y la de Curro Rivera en la Plaza de Las Ventas de Madrid.

La recordaban ayer, como cada 22 de mayo, en plena Feria de San Isidro, en una fecha en que Francisco Rivera Agüero, hijo del maestro Fermín Rivera, cumplió con un hito que solo ha sido igualado una vez y que, para hacerle menos, o intentar hacerle menos, concedieron otro premio más grande a un torero español.

Curro Rivera y sus cuatro orejas y Palomo Linares con cuatro y un rabo, el último cortado en la Plaza de Las Ventas por un torero de a pie, formaron un lío verdaderamente de apoteosis.

Pero, tristemente, se habla más del rabo de Palomo que de la gesta del torero mexicano en ese 22 de mayo de 1972, en que “Currito” o “Curro Cumbre”, como muchos le decían, desorejó a “Cigarrero” y a “Pitito”, ambos toros de la ganadería de Atanasio Fernández. Mientras lidiaba a su segundo había muchos aficionados que pensaban que le concederían el rabo, pero la autoridad no se lo dio, como sí había hecho con Palomo.

Y el juez de plaza de entonces, José Antonio Pangua, fue destituido de la presidencia del considerado coso más importante del mundo. En esta edición 2023, el presidente, Eutimio Carrecedo, le llovieron críticas fortísimas, incluso pidiendo su dimisión, por conceder dos orejas al diestro Emilio de Justo y vuelta al ruedo al toro que lidió.

Cuentan las reseñas de esa fecha este detalle: “Los reventadores gritaban pico, pico, y ‘Curro Cumbre’ recogió el pico de la muleta doblándola a la mitad sobre el estaquillador y logrando convencer a toda la plaza”. Así de memorable la duodécima corrida de la isidrada de 1972, realizada un lunes con un entradón para el recuerdo.

El Diario, con reseña de la agencia UPI, tituló con “Apoteosis en Madrid: un rabo para Linares”, señalando en la crónica la sorpresa por la concesión del máximo trofeo a Sebastián Palomo. No se entregaba a nadie en Las Ventas desde Curro Caro casi cuarenta años atrás.

Paco Camino, quien cortaría tres orejas la tarde siguiente del duelo Curro-Palomo, citó también: “Curro” Rivera después de Arruza es el torero mexicano que mejor se acopla al toro español”.

A Curro, por ser su triunfo en grado “menor” que el de Palomo, le sitúan siempre abajo que Linares, incluso también detrás de Eloy Cavazos, quien fue el último mexicano en cortar dos orejas en Las Ventas para salir en hombros. A Eloy, con justicia, le celebraron las bodas de oro de su puerta grande; a Curro, no.

Quizá por ello, a pesar de lo monumental de sus cuatro orejas, no se le ha hecho un homenaje a la apoteósica corrida lograda en ese 22 de mayo de 1972: dos orejas a su primer toro, ”Cigarrero”, marcado con el número 64 y 520 kilogramos, y con el cierra plaza “Pitito”, con el número 23 con 531 kilogramos, logró una espléndida faena. Hasta entonces, y ni ahora, algún otro mexicano ha cortado cuatro apéndices en la capital de España. Curro Rivera toreó 860 corridas en suelo mexicano, 102 en plazas españolas, 12 en Colombia, 10 en Francia, siete en Venezuela, otras en Ecuador y un par de ellas en cosos lusitanos.— Gaspar Silveira

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