Las de ayer, pueden ser consideradas como orejas obtenidas con un valor grande, especial, en la Plaza de Las Ventas de Madrid.

Sebastián Castella pudo irse por la Puerta Grande otra vez, pero una cornada, que pudo ser de consecuencias monumentales, bajó el ritmo de una faena intensa del torero francés, que podría terminar esta Feria de San Isidro como el triunfador numérico. Con la que le cortó a su primer toro, suma tres en dos tardes. Muchos pensron que sería comparsa, tras varios años ausente de Madrid, pero quedó con la onza muy cara tras sus dos corridas muy rotundas.

Y se fue caminando, a paso lento, llevando dos cornadas, una en cada muslo, en una actuación de verdad heroica, entre largas ovaciones.

Y Uceda Leal… pedazo de torero, en toda la extensión de la expresión. Al cuarto le cuajó una faena de gran estilo, con clase, llena de elegancia, con algún natural de pintura y derechazos igual sublimes. Pero hubo más: entre dos puñales que eran los cuernos del toro, se metió con toda la mano al fondo para dejar una estocada de esas que firmaría el mejor matador de toros. Le premiaron con una oreja de esas de gusto, de placer. Y dijo ante las cámaras: “Sólo he toreado dos corridas este año…” El que sabe, sabe…

No tuvo fortuna Morante de la Puebla con ninguno de sus dos toros. Se fue, tras tres corridas en este San Isidro, sin pegar algún palo como se esperaba, tras la faena mágica de Sevilla. Fue Morante el causante de otro lleno (más de 22 mil espectadores), pero por una o por otra, no pudo verse.— Gaspar Silveira

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