“No dejes que la vida te sorprenda, sorprende tú a la vida”, dice Gilda Cota Vera, quien también ha sorprendido a toda la gente que la vio caer en depresión tras ser diagnosticada con esclerosis múltiple durante la pandemia de Covid-19.
Hoy día, a tres años del diagnóstico que le cambió la vida drásticamente, Gilda es lanzadora paralímpica de disco y bala y no solo se ha convertido en seleccionada nacional, sino que ahora sueña con ser campeona en los Juegos Paralímpicos de 2024 en París.
La historia de vida de Gilda, de 33 años de edad, es digna de contarse.
Con título de licenciada en Criminología, su vida dio un giro de 180 grados el 5 de junio de 2020, cuando fue diagnosticada con esclerosis múltiple. “Al escuchar que ya no iba a poder caminar o correr, siendo una persona muy activa, caigo en depresión”, relata Gilda Guadalupe, en una pausa de sus entrenamientos en la Unidad Deportiva de Umán. Una sesión con decenas de repeticiones de sus lanzamientos, con un sol que raja piedras y calor extremo. Sin embargo, con apoyo de amigos y familiares y a base de fisioterapias, que ahora serán de por vida, “fui saliendo adelante, aceptando mi padecimiento”.
El panorama cambió cuando recibió una invitación para practicar atletismo dirigido a atletas con capacidades diferentes. La vida dio un giro monumental.
De saber que no podría caminar, ahora el deporte le encausaría a otra línea. Gilda abrazó su condición y encontró los retos que la han llevado a destacar en la categoría F-57, que corresponde a atletas que tienen alguna discapacidad en una pierna o en ambas.
Las afectaciones físicas de Gilda son motrices en el hemisferio izquierdo del cuerpo, con mayor afectación en la pierna izquierda; reducción de campo visual, falta de equilibrio y coordinación, fatiga crónica y mental.
Sin contar con algún apoyo oficial y sorteando obstáculos no sólo físicos sino también económicos y de falta de espacios deportivos adecuados, fue mejorando sus habilidades hasta convertirse en competidora de alto rendimiento. Este año tuvo marca de 9.85 metros en lanzamiento de bala en el Nacional de Primera Fuerza a principios de marzo. A fines del mismo mes ganó plata con un disparo de 10.30 m en el Grand Prix de Xalapa, Veracruz. En mayo pasado obtuvo oro en bala, con marca de 10.68 m, y recientemente, plata en disco, con 25.79 m, en el Desert Challenge de Arizona.
Sus marcas en Arizona le valieron sellar su boleto al Campeonato Mundial de Paratletismo que se efectuará del 8 al 17 de julio próximo en París. Y también tiene derecho a representar a México en los Juegos Parapanamericanos de Santiago de Chile en noviembre próximo.
Asombroso todo: de un diagnóstico médico que pudo sepultar las expectativas de vida de cualquiera, a catapultarse como una deportista de elite, con pasaporte para una Copa del Mundo.
Gilda no solo espera representar a Yucatán y México en las competencias internacionales, también busca mejorar sus marcas, como rebasar la barrera de los 11 metros en de bala.
Pero tiene un nuevo obstáculo, una nueva lucha, de esas que también fuerzan a muchos a retirarse: la falta de apoyo para solventar todo. En su caso, no solo para viajar, sino también para prepararse y adquirir los implementos deportivos, que al ser especiales “son más caros de lo normal”.
A esos gastos hay que agregar los que realiza cotidianamente para solventar los tratamientos que seguirá de por vida por su enfermedad. Vive con sus papás, Gilda Vera y Mario Cota Peña, un conocido exbeisbolista profesional que la lleva a los entrenamientos.
Y también se enfrenta a la falta de instalaciones adecuadas para entrenar en Mérida, lo cual la ha llevado a prepararse al vecino municipio de Umán.
Gilda dice que por sus marcas ha recibido ofertas de otros países para representarlos a cambio de apoyos, pero ella quiere “representar a todas las mujeres yucatecas, a todo a toda persona que padece esclerosis múltiple en el Estado”.
“Mi discapacidad también genera dolor y para salir adelante me digo a mí misma: ‘Estás aquí, buscas el objetivo de posicionarte para llevar el nombre de tu ciudad a nivel internacional, estás aquí para llevar a Mérida a nivel mundial, estás aquí como mujer meridana para dar todo tu esfuerzo, estás por todas las mujeres, por todos quienes tenemos esclerosis múltiple, no estás sola, es por todos, vamos con ganas’. Esto va por todos quienes necesitan ser vistos, reconocidos y quienes necesitan una voz’”, expresa.
Comprometida con su objetivo de traer a casa una medalla mundial, se atreve a solicitar apoyo y empatía de la sociedad y de las autoridades para solventar algunos gastos.
“Son gastos de transportación, de suplementación específica, no tengo materiales ni implementos oficiales, no hay las instalaciones para entrenar, no hay un gimnasio que tenga las adecuaciones necesarias”.
“Además, no voy sola a las competencias, tengo que viajar con un asistente que me apoya a cargar el banco (de competencia), porque además mi marcha es inestable por lo que padezco, tiene que ir conmigo la doctora, por cualquier cosita que pase, es todo un equipo de trabajo. Y el banco tiene un costo, se tiene que documentar como equipaje deportivo”.
En lanzamiento de bala normal los atletas con capacidades diferentes tienen que usar un banco con medidas y dimensiones específicas, en el cual se deben amarrar para no mover la cadera, ya que sólo pueden utilizar la fuerza del tronco y los brazos para realizar hasta seis intentos seguidos, un reto que requiere fuerza y mucha práctica. El banco especial cuesta unos 4,000 pesos. También requiere una silla de ruedas deportiva, que cuesta $27,500, y para el viaje requiere al menos $20,000.
Mientras tanto, como la guerrera que ha sido desde que le diagnosticaron la enfermedad, Gilda se sigue preparando con la esperanza de sortear cualquier obstáculo que se le presente.— VANESSA ARGÁEZ CASTILLA
