El sueño de todos es tocar el cielo, volar… O llegar tan alto como se pueda.
Patricia Núñez Pavón, gimnasta de trampolín que representará a México, es una joven yucateca que salta y salta hasta lo que la humanidad le permite. Y quiere legar al podio de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador… Tan alto como pueda.
“No tienen idea lo emocionada que me siento de poder decir que representaré a México en una competencia tan importante como son los Juegos Centroamericanos. Tanto trabajo, tanto sacrificio… al final siempre llegan las recompensas”, expresa Patricia.
Hija de un reconocido y laureado entrenador de esa especialidad de la gimnasia, José Luis Núñez García, Patricia, o Paty o Cristi, desde niña tuvo contacto con el deporte. Primero viendo a muchos atletas que su padre dirigía hacer sus saltos. Obviamente, estaba destinada a este deporte.
Pero a la par con el desarrollo de sus habilidades en el trampolín, fue sumando logros fuera de la plataforma, y su gusto por los estudios le permitieron alcanzar una beca por rendimiento deportivo, algo que, acepta, “de no ser por el deporte hubiera sido difícil alcanzar esta meta en el profesionalismo como licenciada en Turismo Internacional”.
Nunca perdió la calma y sabía que la oportunidad. Yucatán fue ganando reconocimiento con gimnastas como Luis Armando Loría y Esaú Ceballos Cervera, que se clasificaron para justas como los Centroamericanos. Ella sólo aprendía.
“Cuando haces algo que te gusta y apasiona, no representa tanto sacrificio. En mi caso, salto cinco, seis metros. Me gustaría más, pero lo que pretendo siempre es alcanzar mis sueños, llegar alto, lejos, dejar una huella en este deporte”, comenta la joven deportista durante una sesión de entrenamiento en el multigimnasio del Kukulcán, en pleno bochorno. Una y otra vez se va por los aires, con su diminuta figura (1.48 metros de estatura), pero siempre sonriente.
Tiene la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de París en 2024, “pero en estos momentos mi mente está puesta en los Centroamericanos. Quiero ir, debutar y esforzarme con todo para obtener una medalla. Estamos en ese proceso, poquito a poquito, paso a paso”.
Casi perfección
O salto a salto, ya sea literal, volando por los aires, o imaginándose mil cosas cuando está arriba, girando en sus ejecuciones.
“Este deporte, calificado con efecto visual, es una complicación grande. Porque hoy puedes tener un salto que esté siendo perfecto, y de pronto, un descuido en la ejecución, y puedes perderlo todo. Un detallito, por mínimo que sea, puede acabar con todo”. O, también, puede haber una mala caída, incluso saliendo del perímetro. La vida se pone en riesgo saltando desde el trampolín, que tiene forma rectangular de tejido sintético que mide 4.28 metros por 2.14 metros. A veces, con otras dificultades porque en justas grandes se coloca más arriba la plataforma para una mejor visión de los jueces.
“Sí, hay nervios, pero tienes que saber dominarlos. De eso se trata”.
Le vimos una y otra vez en el aire. Repetía varias veces para el trabajo de la fotógrafa Sofía Vital. Caía y sonreía mientras miraba a su entrenador. Y, siendo sensatos, solo una vez escuchamos a José Luis Núñez exclamar un “biennnn… esoooo”.
Quizá el tándem hija y padre, o gimnasta y entrenador, esté tan bien sincronizado, que pueda servir para una exigencia ya propia de la relación afectiva. No caben los loas ni parabienes innecesarios. No faltan.
“Esto es de alta competencia”, dice el entrenador de origen cubano.
Y efectivamente, es esa alta competencia, o alta dedicación, lo que tiene a Patricia Núñez Pavón cerca de cumplir uno de sus sueños: ir a unos Centroamericanos.
“¿Y sabe qué? Quiero ir a competir a unos Juegos Olímpicos”, dice, mientras se quita una playera que tiene en la espalda la leyenda “México”, para alistarse para su sesión de entrenamiento.
“Representar al país es lo máximo. Entonces, vamos a darlo todo, porque merece la pena”, comenta.
Una y otra vez se va por los aires. La pequeña figura con su traje rojo apenas se alcanza a distinguir en la inmensidad del techo del domo. “Arriba se sueña también”, dice al llegar a la plataforma entre sonrisas. Y se sueña en grande.— Gaspar Silveira

