Amigos aficionados…
Se murió la semana pasada Fernando Botero. Para la gente del toro, sabemos que se trató de un colombiano de excepción. Uno de los genios del pincel más famosos de la historia, célebre, con un palmarés que de verdad impresiona.
Los toros, claro, le deben mucho. La fiesta brava tuvo en él algo especial. Y antes de ser lo que fue, Botero quiso ser torero.
Nacido en Medellín, Fernando Botero intentó ser novillero, pero no pudo seguir con la carrera. Y pronto tomó una afición por la pintura, siguiendo la huella de un mexicano, Carlos Ruano Llopis, de quien tomó la pasión, comenzando a pintar acuarelas taurinas.
Su fama mundial llegó a raíz de su decisión de hacer suyo un estilo propio: dibujando figuras voluminosas, hombres, mujeres, animales voluptuosos. Y así fueron también sus más famosas pinturas de la tauromaquia, con el torero regordete y bembón, los picadores, los y las aficionadas. Le criticaron una y mil veces, más en estos tiempos en que referirse a los humanos por su volumen es pecado para muchos. Pero fueron muchos más los que admiraron y le siguen admirando.
En una entrevista con sinembargo.mx, que replica el Club Taurino Italiano (también en la tierra de la bota y la torre inclinada hay cariño por la Fiesta), Fernando Botero confesó: “La tauromaquia contiene condimentos mágicos para un creador, colores vívidos, movimientos dinámicos, espectáculo, violencia y belleza. Elementos como el traje de luces, el ruedo con su barrera, la arena o el público de la plaza de toros”. Y remata, como si fuera un torero recorte, diciendo que “los toros son arte y una parte de la cultura española, y seguirán vigentes porque ‘el arte no puede desaparecer’”.
También reveló que su pasión por el toreo precedió su vocación artística, ya que, siendo adolescente, ingresó en una escuela de tauromaquia y esto fue lo que le llevó a hacer sus primeras acuarelas, por lo que “a través de los toros” llegó su “afición por la pintura”.
Una frase dice mucho en la vida de Botero: “Fue mi amor puro por los toros lo que me llevó a pintarlos”.
Y, como Picasso, documentado, y probablemente también Goya (eso no se sabe), Fernando Botero fue a las plazas a manifestarse como aficionado a la culta y bella fiesta de los toros. Como lo hace cualquiera que sienta admiración por los toros.
Se le recordará siempre. Imposible que el arte desaparezca. Menos el suyo.
