Amigos aficionados…
La semana pasada se comentó en este espacio sobre el posicionamiento de la Plaza Mérida en lo que al toro se refiere. En realidad tiene mucho que ver ese asunto cuando se arma una corrida o una temporada. Siempre será el principio básico, el eje central, el toro, o novillo, según se anuncie en las carteleras. Y esa es responsabilidad compartida.
Llamó la atención, por ejemplo, en el coso principal yucateco, el que la temporada pasada hubo dos tardes en que el ganado lidiado dejó mucho qué desear y eso, todos lo sabemos, fue porque era la única forma de que pudieran venir a la Mérida dos de las primeras figuras del toreo mundial, como son Roca Rey, en ascenso, y “El Juli”, que iba de salida. En la primera de este serial, hubo problemas por la muerte de varios ejemplares de la ganadería titular y se remendó con otros hierros.
Pero en el resto de las temporadas recientes, los que venían toreaban lo que se anunciaba, con ganaderías de prestigio, aunque a veces olvidadas. Y no hay que confundir: que no es lo mismo traer toros con peso casi de elefantes, que traer toros con el peso que se pide en el reglamento (de 470 para arriba), y con edad y trapío, claro. Allí está la diferencia entre una y otra cosa. Y tal vez, en un “error compartido”, se acepta en todos lados que sean esos toreros los que impongan. “O no toreo”, han dicho más de una vez.
Algunas veces amigos nos hicieron el señalamiento de que, cuando vino Julián López, no fueron porque “no queríamos ver novillitos en lugar de toros”, pero, tristemente, esos amigos son los que a veces se van a Aguascalientes a ver a las figuras con astados que, si fuera el reglamento estricto, no se autoriza como corrida de toros. O incluso en la México: cuántas veces no ha habido fiascos por la pobre presencia de los astados cuando se anuncian especialmente los líderes del escalafón, sin importar que sea la plaza más grande del mundo. En España, claro, eso no pasa: allá lo que les salga por toriles, y todos sabemos que los ganadores son escrupulosos a no más.
Y así las cosas con esto de los encierros que cumplan a cabalidad en estos lares. Siempre hemos dicho que la autoridad marca la senda porque es la que aprueba cuando llegan los encierros. Pero las empresas deben garantizar que lo que se vaya a lidiar sea lo que programan, y los toreros que lo que les ofrezcan, y lo aceptan, sea como marcan los cánones, o lo más cercano posible. Y en muchos ruedos mexicanos, se sabe, salen toros chicos en la mayoría de las veces.
En el caso de la Plaza Mérida, autoridad y empresa han hecho su parte. De eso no hay duda.
Torearon astados de Zacatepec en la de rejones de Año Nuevo y otra vez se puso alto el listón porque el encierro tuvo presencia. Y ahora vienen la del aniversario 96 y se anuncia para la “corrida blanca” del 28 de enero un lote de Barralva, con encaste español de Atanasio. Se antoja interesante para ver a Juan Pablo Sánchez, Arturo Saldívar, del bando mexicano, con Román y Jesús Enrique Colombo, que traen bandera extranjera.
Los cuatro han toreado ejemplares grandes en otras plazas importantes del mundo, así que será bueno verlos aquí con los atanasios en el aniversario.
Será una tarde con mucho en juego, pues en la misma fecha se abre la Plaza México tras 20 meses cerrada, y a la Mérida se le sigue escrupulosamente por lo hecho para poner alto el listón del toro bravo. Gaspar Silveira Malaver
