El momento de la verdad llegó para Carlos Franco.
Ayer, casi en la media noche desde la zona de la Antártica, el nadador yucateco de aguas abiertas recibió el mensaje que tanto esperaba: “Mañana nadas”.
Y le programaron para el sábado 24 de febrero.
“Me avisaron que nado el sábado a las 6 de la mañana, tiempo de México, aunque todo dependerá de las condiciones del clima. Estoy impactado con la señal”, escribió desde la embarcación donde se encuentra en una travesía junto con otros once nadadores de varias partes del mundo.
Será en una jornada especial: el Día de la Bandera en su país. En su equipaje hay dos banderas, una de México y otra de Yucatán.
“Siempre dije que, casualidades, sería especial el día, y quiero poner la primera bandera de México, también la de Yucatán, allá donde nadie de nuestro país ha ido a nadar”, expresó Franco Cantón, contador público de profesión y director de la Acuática Antares.
La odisea tuvo muchos bemoles. Desde la planeación del proyecto, considerado como una locura, hasta que, cuando fue visto como una posibilidad, tuvo que nadar entre marquetas de hielo para adaptarse a las condiciones. Parecía imposible,
Precisamente el jueves en la tarde-noche de la zona Antártida probó por primera vez el agua a bajo cero.
“No estuvo mal”, escribió tras un test previo a la experiencia del sábado.
“Nadé entre 200 y 250 metros en la zona, a -.06 grados centígrados”, indicó el tritón, quien compartió una serie de fotos en que se aprecia la zona con montañas de hielo e incluso icebergs. Llégó a la zona de nado ataviado con un poncho con imágenes de la cultura maya.
“Estuvimos súper cuidados y protegidos por la gente que viene con nosotros”, dijo, y comentó que “la sensación fue grande, tener contacto con agua casi congelada. Los efectos se sienten, terminé con las manos como acalambradas, entumidas, las piernas, todo el cuerpo, pero mentalmente tienes que ser fuerte”, indicó.
Para el amanecer del sábado se sumergiría a temperaturas menores a cero grados, en un trayecto que será de 1 kilómetro, registrado por los coordinadores de la travesía, esperando clavar sus banderas entre tierras congeladas. El mayor reto de una vida en que ha desafiado mares, ríos, tiburones… y ahora hielo.— Gaspar Silveira Malaver



