Amigos aficionados…
En un abrir y cerrar de ojos se nos va otra temporada en la Plaza Mérida. Mañana, en un festejo nocturno, una novillada internacional bajará el telón de un serial que ha sido interesante desde donde se le mire. No todo puede salir bien aunque se quiera, pero si se intenta va a ser algo siempre bueno.
Esta combinación que cierra ciclo permitirá, como se ha señalado en otras ocasiones, dejar otro precedente de la consolidación de la Mérida con sus actividades bien definidas. Si cada año se da una novillada seguramente los mejores estarán peleando por venir en marzo a tierras yucatecas. De eso no cabe duda.
Platicamos con uno de los integrantes de la terna, el español Diego Bastos, y lo define muy claro: viene a buscar trascendencia. Sus paisanos andaluces son así de directos. No hay motivo para sentirse menos. Si se quiere llegar lejos, hay que buscarle e ir a donde se pueda picar piedra.
Hace poco lo platicaba con Isaac Fonseca, al que tuvimos oportunidad de ver en la Plaza de Las Ventas en una novillada de la Feria de San Isidro. No le caminaron las cosas en su primero, y al segundo ni tardo ni perezoso se fue a buscarlo a portagayola. Y el día de la confirmación de su doctorado en España, fue a las mismas: se plantó frente a toriles.
Es a eso a lo que tienen que aspirar quienes van abriéndose paso: pelear todo, arriesgar, que nada es regalado.
Y, recordaba una reseña del fallecido cronista Joaquín Vidal de un torero del nuevo cuño: “Este torea como si fuera figura y no lo es”. Lo dijo porque aquel nivel matador daba pasos como si fuera torero caro cuando apenas gateaba.
Hay de clases.
Claro, mucho tiene que ver cómo se la “rifen” en la etapa de novilleros. Hay quienes traen ángel y desde esos trotes ya apuntan para ir lejos. Hay quienes se forjan allí.
Las novilladas por eso para muchos son mejores que las corridas, porque, ante todo, la verdad de los toreros es más serena (aunque no hay verdades a medias, claro).
El periodista Heriberto Murrieta, en su “El torero verdad” lo relata perfectamente, y Pepe Alameda igual lo narra en sus obras, como en “Crónica de Sangre”, cuando dice que Manolete era más feliz antes de ser famoso, de novillero, que cuando era figura. Y lo mató un toro, dicen que afeitado, cuando ya toreaba más por compromiso que por hambre torera.
Que Bastos, Bruno Aloi y César Pacheco puedan llegar a la novillada nocturna con ese ímpetu y brinden su verdad y su vergüenza torera. Eso pagará el boleto.
Es sin duda un cierre de ciclo que no dejará de ser interesante.
