El encierro de Santiago Domecq lidiado ayer en una modesta segunda corrida del abono de la Feria de Abril de Sevilla era, sin duda, uno de esas que los aficionados sueñan con ver en una tarde como la de Domingo de Resurrección.

Y menudo fiestón el que armaron, en sinergia total, David de Miranda, torero de poco cartel, y el quinto toro de un lote de seis enviado por un ganadero que quiere dejar huella y que se esmera. Santiago Domecq y sus toros pegaron un golpe muy fuerte en el ruedo de la Real Maestranza de Sevilla.

Y poca gente fue a esta convocatoria, en la que estuvieron igual José Garrido, con una oreja del que abrió festejo, y Leo Valadez, mexicano que, volteado en su primero aparatosamente, corrigió algunas maneras en el segundo dejando notas de interés, pero sin despuntar.

Fue, De Miranda, el que se llevó los honores, cortando dos orejas para irse por la puerta grande (para la Puerta del Príncipe se necesitan tres apéndices). El toro, de bandera, iba y venía y el torero, mostrando su clase y pundonor, peleaba y peleaba. Lo lograron los dos, reivindicando al toro bravo en toda la extensión de la palabra, y al torero, porque es de esos que a gritos piden ser metidos a los carteles y, ahora que pueden dejarse ver, muestran la fragancia escondida.

El público pedía el perdón de la vida para el toro, pero el presidente se negó. La reseña de mundotoro.com apunta: “Faena de escándalo de David de Miranda, que consiguió imprimir soltura y flexibilidad en los trazos con la base de la figura erguida. De corte ‘manoletista’ y ‘tomasista’, enardeció a los tendidos de La Maestranza que pidieron el indulto bajo el clamor de una faena enorme a un toro de excelencia superlativa. El otro escándalo fue que fueran sin los honores de la vuelta al ruedo de un presidente que si por algo se ha caracterizado, ha sido por la sensibilidad que esta tarde no tuvo”.

El toro puso a casi todos en su lugar, menos a la autoridad, que le negó el reconocimiento a la bravura que hoy escasea en el hato ganadero mundial. Si fuera una figura del toreo…

A De Miranda, seguramente esto le dejará mejor parado ante las empresas; a Santiago Domecq, con un reconocimiento pleno a su trabajo como criador de reses bravas.— Gaspar Silveira Malaver

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