Paco Ureña durante la cuarta corrida de la Feria de San Isidro, ayer
Paco Ureña durante la cuarta corrida de la Feria de San Isidro, ayer

Los toros de “El Parralejo”, que venían de entregar notas altas en la Feria de Abril de Sevilla, terminaron pasando una tarde infumable en Las Ventas de Madrid.

Para el olvido, o para la reflexión, lo que se vivió en cuanto a los astados del quinto festejo de la Feria de San Isidro, en la que por mucha entrega que pudieran haber ofrecido los tres matadores, iba a ser imposible que pasara algo sobresaliente.

Lo que mereció la pena fue la actitud y torería de un Miguel Ángel Perera, un diestro que pasa por un momento de primera categoría, y lo expuso como tal, salvándose de una tarde que pudo irse para el olvido.

El día grande de Madrid, el 15 de mayo, casi se fue al caño de no ser por Perera, dejando en decepción a 22 mil espectadores que casi llenaron el aforo en la festividad de San Isidro. Y es que, mal presentados, con desigualdad de cuerpos y de hechuras, los toros se vieron sin raza, sin juego.

Para Perera fue la única ovación de la tarde, en la que Paco Ureña se fue entre silencios, pese a todo lo que le puso de voluntad y torería, y con Alejandro Fermín, el confirmante, sin opciones. Solo tuvo palmas en el momento en que Perera le cedió los trastos para la ceremonia.— GASPAR SILVEIRA MALAVER

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