La vergüenza torera de los novilleros echó por delante un festejo en el que, por necesidad, los diestros del escalafón menor salen a dejarse ver en el escenario más importante de la tauromaquia. Es, a veces, un sí o sí.
Y ocurrió en la segunda parte de la segunda novillada de la Feria de San Isidro, que puso a todos expectantes en los tendidos de la Plaza de Las Ventas de Madrid.
Roberto Martín, anunciado en los carteles como “Jarocho”, hizo realidad el sueño de todos los toreros de irse en hombros de Las Ventas. Pero su aterrizaje en la explanada de la calle de Alcalá tuvo un sacrificio a rajatabla, con la exigencia que se da a quienes quieren trascender.
Le cortó las dos orejas al novillo que cerró el festejo y le corearon los más de 17 mil espectadores presentes, en una segunda parte del espectáculo en que los tres alternantes, motivados por las circunstancias, salieron a morirse en la raya.
De esas veces en que salen las cosas porque las buscas, no porque las regalan. Y no todos están listos para ello. La historia lo dice.
Comenzó la revolución de la tarde con una sólida actuación de Alejandro Peñajara, quien ya iba muy bien posicionado en el inicio de su trasteo a un novillo que no regaló nada. Y le prendió en un descuido, propiciando severa paliza entre los dos pitones y en la caída. Tras el percance, le toreó al natural de una manera que tuvo arrebato y clase, y la suerte suprema la hizo correcta para tumbarle una oreja.
Siguió el quinto, al que Israel Martín le mostró las credenciales y sus argumentos para estar en Madrid, con disposición y firmeza. No ser figura, y sí ser soñador, dicen los que saben, propicia que uno vaya a buscar la gloria, o a morir. Una oreja bien ganada fue su premio.
Y llegó Jarocho a cerrar la jornada, pero lo hizo con un tesón y una disposición. Al sexto de una interesante novillada de Fuente Ymbro el torero de Burgos le porfió, tanto con la derecha como con la izquierda, pero apretando más con los naturales que lograron comunión entre los presentes. Eso, a veces, es lo que más cuesta: poner a todos de acuerdo. La estocada, un tanto alta, fue bien ejecutada y los pañuelos blancos adornaron los tendidos. La salida en hombros fue su premio.
El toreo al natural está siendo importante en este San Isidro. Castella, Tomás Rufo, Emilio de Justo, Juan de Castilla, y ahora Peñajara y Jarocho, han mostrado que con la mano izquierda se pueden lograr muchas cosas, por más difíciles que parezcan.— Gaspar Silveira Malaver



