Hay de responsabilidades a responsabilidades. Las que le han cargado a toreros como Fernando Adrián y Borja Jiménez, los toreros triunfadores del pasado San Isidrode Madrid, que a pesar de sus logros y méritos, les ha costado meterse a las grandes carteleras.

Por eso ayer los dos salieron a morirse en la raya. La primera corrida de toros de la Feria de San Fermín, la del mero 7 de julio (día del patrón), les jugó un hándicap: tenían que dejarse ver. Pamplona está en ojos de todos. De los aficionados que objetan todo y de los aficionados que disfrutan lo que haya para ver.

Diego Urdiales cuajó un faenón, marrado con el acero, en el primero.

Y Adrián cortó la primera oreja de estos sanfermines con una faena bien cuajada al quinto de la tarde, mientras que con el cierraplaza, Borja se prodigó, para obtener un triunfo rotundo que no pudo destejar porque, cuando le concedieron las dos orejas, estaba siendo atendido en la enfermería por una soberana paliza que le propinó el toro de La Palmosilla.

Se fue al centro del ruedo Borja con las dos rodillas en tierra, para cuajar una serie muy templada y encajada que encandiló a unos tendidos ya distantes hasta la aparición del sevillano. Las tardes de Pamplona así son: público de fiesta, cantando siempre (ayer, desde “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, hasta “La Chica Ye ye, de Concha Velasco).

Y lo que hizo Borja fue rotundo, ligando y templando, metiendo a toda la plaza en la faena. A veces es tan complicado, que lograrlo requiere de muchas cosas.

Al tirarse a matar, en el segundo intento, salió Borja con el muslo derecho partido. La plaza clamó por el triunfo, que celebraron con él en la enfermería.— Gaspar Silveira

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