Prodigio mundial de precocidad, Rayssa Leal no va a poder alargarse mucho en la celebración de su segunda medalla olímpica, lograda ayer en París en skateboarding callejero, porque, a sus 16 años, regresa en agosto a sus clases.
“Claro que lo voy a celebrar, pero ya en agosto tengo que volver a las clases, ¿por qué me has hecho esa pregunta?”, respondió “Fadinha” (pequeña hada) cuando le cuestionaron en zona mixta sobre qué hará estas próximas semanas.
Rayssa conserva la naturalidad y la insolencia de una adolescente de 16 años. Muy nerviosa en la final femenina, fue a remolque toda la competición, hasta que en el truco final se sacó de la manga una virguería que la aupó in extremis al tercer lugar.
“Fue, sin duda, el campeonato en el que estuve más nerviosa. Ya sabía todo lo que tenía que hacer, lo había entrenado, pero terminé equivocándome en dos movimientos sencillos”, constató la brasileña.
A pesar de ello rompió un récord mundial de precocidad que estaba en manos de la saltadora de trampolín estadounidense Dorothy Poynton-Hill en Amsterdam-1928 y Los Ángeles-1932. Rayssa se colgó dos medallas en dos diferentes ediciones (Tokio-2021, una plata y el bronce de ayer) con solo 16 años.
La deportista reconoció que los tres años que pasaron desde Tokio a París tuvo que crecer, no solo físicamente (unos 10 centímetros), sino mentalmente, al ser consciente más de la presión.
“En un año entendí el precio de una medalla olímpica. Me estuve exigiendo más de la cuenta al darme cuenta de lo que son unos Juegos, pero al final todo fue bien”, dijo.
Las japonesas Coco Yoshizawa y Liz Akama se llevaron las medallas de oro y de plata, respectivamente.— EFE Y AP
