El béisbol, como negocio, marca diferencias entre unos y otros. Los Leones, muchas veces en diversas épocas jugando cumplir, han tenido importantes momentos que han hecho a todos a voltear a ver a Yucatán.
Así fue en los años recientes, en que los melenudos. Desde el primer torneo de 2018 a la fecha, ganaron dos campeonatos, perdieron dos finales de Serie del Rey y tuvieron dos presencias en la Serie de Campeonato de la Zona Sur. Envidia de tirios y troyanos en una Liga Mexicana que se ha diversificado.
Pero este año las cosas no pintaron favorablemente. El rendimiento de muchos peloteros quedó a deber, e incluso en el alto mando, lease desde gerencia deportiva (con aprobación de los dueños) hasta mánager y cuerpo técnico, también.
Si un pelotero que gana en dólares y mucho más que los mexicanos, sean extranjeros o nacionalizados, no responde, debe ser removido. Es la ley de la empresa: el que no rinda para lo que fue contratado, adiós, y eso debe contemplar a los que dirigen, en este caso el mánager.
De inicio, Roberto Vizcarra, el mánager más ganador de los últimos años (hay quienes dicen que no es un indicador de que sea el mejor), dijo que la edición 2024 era la mejor que le tocaría dirigir. Lo señaló en una de las prácticas de pretemporada en la Universidad Modelo.
¿Qué hizo entonces que ese proyecto no funcione?
No hay mucho de dónde buscar para encontrar: bajo rendimiento de los peloteros.
¿Debió ser Art Charles el cuarto bate de tiempo complete? Fue bateador de rachas grandes y en patios donde vuela la pelota. En años anteriores se lució más en playoffs; esta vez, lo hizo en rol regular, pero en postemporada quedó a deber. Norberto Obeso es un gran outfielder y bateador constante, pero ni él ni Tomo Otosaka, el japonés que comenzó a tambor batiente y se apagó, cumplieron con la función de primer bate. Un hombre que abre line up tiene que embasarse como sea, tocando la bola, por ejemplo, y claro, buscar la base extra. Otosaka conectó para .295 y robó 12 bases; Obeso, bateó .311 y se hurtó dos colchonetas.
Conforme fue avanzando la temporada se fue hacienda patente la falta del béisbol esencial, ese que busca una carrera de la forma tradicional: hit, avanzar a un corredor o robar, y otro batazo productor. Se agudizó en los playoffs, etapa en la que las fieras no hacían jugadas. Era buscar batazos grandes, que casi nunca llegaron. A la hora de manejar los lanzadores, Vizcarra quedó a deber. Muchas fueron las veces en que sacó a su abridor ganando o con juego apretado, con pocos lanzamientos, entraban los relevistas y adiós triunfos (Negrín, cuando le ganaba a Diablos en el “Harp”, por ejemplo). A algunos les aguantó de más.
En los playoffs ni Vizcarra ni sus coaches encontraron la forma de exprimir el talento a sus jugadores. En el pitcheo, rara decisión: Doubront y Francisco Haro pasaron a la rotación, relegando al bullpen a Negrín y a Elián Leyva, de amplia experiencia en postemporada.
Luis Juárez, pieza clave desde que llegó en 2018, jugó 61 partidos, con 10 jonrones y 41 producidas. Nunca estuvo al cien, ni en playoffs, pues aunque bateó .333, a ratos se veía desdibujado.
De los extranjeros regulares, Yadir Drake (pasaporte mexicano) fue de los más consistentes, y se salvaría el segunda base venezolano José Peraza. Después de batear .208 y producir 19 carreras, Josh Fuentes mostró no estar al nivel esperado, aunque a la defensiva en la tercera pues fue una garantía.
En el pitcheo, dos de los mejores brazos en el rol regular fueron César Valdez (10 victorias) y Yoanner Negrín (seis, y al menos dos malogradas), pero ambos para 2025 estarán en las cuatro décadas. Elián Leyva y Félix Doubront superarán los 35, igual que Neftalí Feliz, un cerrador reconocido que, si sigue bien, podría volver. En el cuadro, Alex Liddi y “Cafecito” Martínez llegaron con 36 años.
La directiva tiene una papa caliente en las manos con la definición del futuro, sin duda.— Gaspar Silveira Malaver
