Después de ver el vídeo de la pelea entre Salvador Sánchez y Wilfredo Gómez, decidir revisar los anales boxísticos y disfrutar algunas de las defensas que hizo el mexicano ante diversos rivales y concluí que era necesario rendirle un justo homenaje a ese personaje que dejó de existir a temprana edad.
Así, comentaré brevemente la carrera pugilística de Salvador Sánchez Narváez. Nacido en el Estado de México, Salvador inicia temprano su carrera en el cuadrilátero, acumulando 18 victorias consecutivas antes de perder por única vez. En el entarimado Sánchez era una máquina de lanzar golpes, con una poderosa pegada y mano derecha demoledora, poseía buena defensa, certeras combinaciones con ambas manos y una fortaleza de granito, todo eso debido a sus facultades naturales y al entrenamiento adecuado, producto de una disciplina espartana.
Fuera del ring su temperamento era retraído, modesto y nunca estuvo implicado en escándalos, llevó una vida tranquila y ordenada.
Fue campeón de peso pluma por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), arrebatándole a principio de los ochenta el cinturón a Danny López, el “Coloradito”. Defendió exitosamente su diadema durante 10 combates, todos celebrados en diversas ciudades de la Unión Americana, donde sus presentaciones eran exitosas y le permitieron acrecentar con billetes verdes su cuenta bancaria.
Es célebre su encuentro con el boricua Wilfredo Gómez realizado en la Ciudad del Pecado, donde daban como amplio favorito al puertorriqueño. Nadie se esperaba un resultado como el que se dio, una verdadera paliza a Gómez, quedando su rostro desfigurado, ambos ojos totalmente cerrados con hemorragias en la boca y nariz y sólo la piedad de tercer hombre en el ring impidió un castigo más severo e innecesario, pues Wilfredo estaba noqueado y sólo el orgullo lo mantenía en pie.
La tragedia
Pero a Salvador, pasando por el mejor momento de su carrera, la parca le apareció. Amante de la velocidad, esa madrugada conduciendo su Porsche a doscientos kilómetros por hora en la carretera rumbo a San Luis Potosí y teniendo de copiloto a la muerte, al intentar rebasar se impacta frontalmente con un camión, falleciendo instantáneamente.
Al morir el mexicano tenía en sus alforjas 44 combates con la mano en alto, una derrota y un empate. La noticia de su deceso conmocionó al mundo boxístico por lo inesperado. A pesar de haber muerto con sólo 23 años de edad, es reconocido como uno de los mejores boxeadores mexicanos y tiene un nicho en el Salón de la Fama.
Salvador pudo haber escrito una página más extensa y brillante en su carrera deportiva, le faltó tiempo para convertirse en el mejor peleador mexicano.
Cada uno construye su destino y lo que ha de ser, será. Mérida, septiembre de 2024
