Rafael Nadal mordió su labio inferior y fijó la mirada en las gradas cuando junto a sus compañeros del equipo de España de la Copa Davis escuchó ayer el himno nacional antes de lo que el zurdo de Mallorca — y todos los presentes — sabían podría ser el último partido de su carrera como profesional.
Horas después que Nadal sucumbió 6-4 y 6-4 ante Botic van de Zandschulp, la noche acabó como la velada de despedida del campeón de 22 Grand Slams, ya que los neerlandeses se impusieron en los cuartos de final.
El zurdo de 38 años había indicado antes de la serie que tenía que mantener a raya sus sentimientos, y que el objetivo de la semana era tratar de darle un título a su país. Tenía que dejar a un lado pensar en el inminente retiro, el cual el mes pasado reveló sería efectivo tras este torneo de equipos. Pero reconoció que las circunstancias le abrumaron.
“Ha sido un día emotivo, puede que sea mi último individual, así me he sentido”, señaló. “Por supuesto que las emociones con el himno nacional por última vez han sido especiales. Un poco de sentimientos encontrados, lo ha hecho más difícil”.
Nadal al menos estaba de humor para bromear después de que la derrota ante el número 80 del mundo acabó su racha de 29 victorias consecutivas en individuales de la Copa Davis. La única otra mancha en su récord, que estaba en 29-1 al entrar ayer, ocurrió en su debut en 2004.
“Probablemente, ha sido mi último partido. Si nada raro pasa, perdí mi primer partido de Davis y pierdo el último. Se cierra el círculo”, dijo Nadal, cuya esposa e hijo estaban en las gradas.
La derrota de Nadal levantó el telón del cruce entre España y Holanda. Fue seguido por la victoria de Carlos Alcaraz, número 3 del mundo, por 7-6 (0) y 6-3 sobre Tallon Griekspoor, el 40mo del ranking. Nadal animó desde el costado de la cancha.
Empatados 1-1 después de los individuales, la serie se decidió con el partido de dobles.
Alcaraz y Marcel Granollers perdieron 7-6 (4) y 7-6 (3) ante Van de Zandschulp y Wesley Koolhof para terminar el día. Cuando su partido terminó — con Nadal moviéndose hacia su izquierda pero sin poder colocarse en la posición adecuada y enviando un revés a la red — caminó hacia la malla para un rápido abrazo con su oponente.
“Fue un partido muy duro de jugar”, dijo van de Zandschulp, señalando que idolatraba a Nadal.
En ciertos aspectos, y por breves intervalos, este fue, inequívocamente, el Nadal que van de Zandschulp — y otros tantos — recuerdan. La cinta blanca en la cabeza, marcada con el logo del toro rojo que Nadal hizo famoso. La cinta blanca envuelta alrededor de los cuatro dedos de su mano izquierda, que sostiene la raqueta. Las botellas de agua junto a su banquillo, colocadas en orden.
Clavó el ocasional ace en la raya. La ocasional incursión de saque y volea en la red. El ocasional martillazo por encima del hombro. Y, sí, el ocasional salto al gritar un “¡Vamos!” después de ganar un punto clave o cerrar un juego.
Pero también, para disgusto de Nadal y de la mayoría de los 9 mil 200 espectadores, se vieron varios puntos donde parecía lo que realmente es ahora: un jugador mermado por el paso de la edad y las lesiones.
Su revés no siempre tuvo el mismo efecto devastador: sus 10 golpes ganadores desde el fondo fueron apenas la mitad de los 19 de van de Zandschulp. Su juego de pies y velocidad estuvo lejos de ser el ideal, en cierta media responsables de sus 26 errores no forzados.
Esta versión de Nadal viene de problemas de cadera, incluyendo una cirugía en junio de 2023, y problemas abdominales que combinados le limitaron a apenas 23 partidos en los últimos dos años. Tuvo una marca de 12-8 en individuales en 2024.
El partido contra van de Zandschulp fue el primer partido competitivo de Nadal desde principios de agosto en los Juegos Olímpicos de París. Allí perdió en la segunda ronda de individuales ante Novak Djokovic y cayó en los cuartos de final de dobles junto a Alcaraz.
