Hace medio siglo, comenzó el deporte yucateco a escribir la más grande de sus historias, vistas desde el firmamento mundial.
A las 6:01 de la mañana de Mérida, Miguel Canto se convirtió en monarca universal de los pesos moscas, versión Consejo Mundial de Boxeo, luego de una increíble victoria en la larga ruta, de 15 rounds, sobre Shoji Oguma, el joven héroe que tenía el pugilismo del Sol Naciente.
Se fue volando una media centuria. Canto abrió en esa tarde de miércoles 8 de enero de 1975 en el Miyagi Sport Arena de Sendai una de las trayectorias más heroicas del deporte mexicano.
Tras batir a Oguma, en algo que parecía poco probable porque ganar en Japón no fue, no lo es ahora, tarea fácil, Canto Solís comenzó una senda que fue un récord: 14 defensas exitosas de la diadema de las 112 libras, perdiendo en la 15, en 1979, en discutida decisión en Corea ante Chan Hee Park.
Con justicia, y lo dicen los que le siguieron la trayectoria deportiva intachable (también lo fue fuera del cuadrilátero), al final de esa carrera le llamaron “El Maestro”. Canto dictó cátedra desde la primera de tres batallas contra Oguma (las tres ganadas por puntos en la casa del nipón).
El miércoles 8 de enero el Diario publicó una edición especial, sin precedente, con un esfuerzo tan grande como el de Canto, pues, por la diferencia de horarios, hubo que hacer una tarea titánica en la Redacción. Su tiraje se agotó cuando vio la luz esa segunda edición a las 7:10 de la mañana. La pelea terminó a las 6:01 y comenzó el reto periodístico de brindar la información a miles de lectores. También hubo, vale decirlo, una desigual batalla fuera del ring entre el Diario y otro medio, que, así titulamos, “pirateó” la información que de manera exclusiva se contrató para esa edición especial.
El retador mexicano ganó por decisión mayoritaria la corona a un Oguma que defendía por primera vez el título que arrebató al venezolano Betulio González el 1 de octubre de 1974. Canto, de 26 años, número dos del CMB, aparentemente no creyó que era el ganador cuando el árbitro estadounidense Jay Edson fue a su esquina y le anunció que había ganado.
Edson marcó en su tarjeta 147-145 a favor de Canto y el juez José María Escalante, de México, marcó 149-145, pero el juez japonés Hiroyuki Tezaki marcó empate 147-147.
Canto fue, con esa histórica victoria, el primer yucateco en conseguir una corona mundial de boxeo (luego lo hicieron, con corto tiempo, Guty Espadas, “Chato” Castillo, Juan Herrera y Lupe Madera). Entonces, sólo otros dos mexicanos eran sido campeones mundiales: José Ángel “Mantequilla” Nápoles, en peso wélter, y el gallo Rodolfo Martínez, quien destronó a Rafael Herrera en combate que se efectuó en México el 7 de diciembre último.
Ningún otro yucateco había llegado tan alto en los deportes en el firmamento internacional. Tal vez ni ahora pueda hablarse de otro atleta de las tierras del Mayab con un legado tan grande como el del “Maestro”. En México han destacado infinidad de yucatecos, pero en el extranjero, ninguno con tales tamaños como Canto.
Miguel Canto Solís (30 de enero de 1958, Mérida) comenzó su carrera en 1969, y aunque sufrió un revés en su primer intento por el título mundial en 1973 contra el venezolano Betulio González, dos años después, su destino cambiaría de manera dramática. En su primera defensa, en Monterrey, venció por decisión a Betulio, quien hoy lo recuerda como su gran amigo.
Canto Solís fue la gran figura del boxeo yucateco y también de México. Peleó donde fuera necesario, sin huirle a nada ni a nadie. Se enfrentó a los mejores en Japón, en Venezuela, en Corea del Sur, incluso en Chile y, pocas veces, en México. Estados Unidos, en el Astrodome de Houston, le vio también hacer una defensa.
Clase eterna
Cuando tuvo a Óscar de la Hoya de rodillas frente a él, en 2021, Jesús “Cholain” Rivero se emocionaba cuando contaba al “Golden Boy” la forma en que Miguel venció a Oguma. Y, contrario a lo que dicen de que “en Japón tienes que ir a matar para ganar”, Rivero dijo a Óscar: “le ganó porque tuvo clase y maestría para ello”.
Miguel se retiró de los encordados con marca fue de 61 victorias (apenas 15 por la vía rápida), nueve derrotas (cinco antes del límite) y cuatro empates. Cinco de sus derrotas fueron tras dejar el trono, en el inicio de una debacle boxística y económica, esta última haciéndole pelear para poder tener alguna ganancia en su retiro.
Miguel fue entronizado en el Salón de la Fama del boxeo mundial de Canastota, Nueva York, en 1986, y luego fue señalado como el “Mejor peso mosca del Siglo XX”.
Ante los mejores
Lo mejor de Canto fue que, en su larga carrera, Miguel venció a los mejores: a Betulio le ganó dos veces y a Oguma tres. Le pusieron en frente a los nipones Susumu Hanagata, Kimio Furezawa y Jiro Takada y también los derrotó. El dominicano Ignacio Espinal lo enfrentó y todos auguraban el fin de su reinado, y “El Maestro” dio cátedra a Espinal. Al chileno Martín Vargas lo superó dos veces, aquí y en su país.
Hoy, 8 de enero de 2025, a cincuenta años de distancia de aquella memorable gesta en la “Batalla de Sendai”, seguramente el mundo del boxeo recordará a Miguel Canto Solís. También recordamos, cosas que pasan.
La crónica del Diario, puntual en día histórico
El Diario publicó en su edición del miércoles 8 de enero de 1975 la siguiente reseña de la coronación de Miguel Canto en Sendai, Japón:
SENDAI, Japón, miércoles 8 de enero (Por Leslie Nakashima, cronista de la UPI, en nota especial para DIARIO DE YUCATÁN).- El retador mexicano ganó esta noche por decisión la corona mundial mosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) al derrotar en quince asaltos al japonés Shoji Oguma, que defendía por primera vez el título que arrebató al venezolano Betulio González el 1 de octubre de 1974.
No hubo caídas en el combate librado ante 9,000 frenéticos espectadores en el Centro Deportivo Miyagi.
Canto, de 26 años, número dos en la clasificación del CMB, aparentemente no creyó que era el ganador cuando el árbitro estadounidense Jay Edson fue a su esquina y le anunció que había ganado. Edson marcó en su tarjeta 147-145 a favor de Canto y el juez José María Escalante, de México, marcó 149-145, pero el juez japonés Hiroyuki Tezaki marcó empate 147-147.
UPI tenía a canto como ganador 146-144. La anotación fue sobre una base de 10 puntos por asalto.
Canto, casi ocho centímetros más bajo que Oguma, ganó el combate colocando repetidos golpes de derecha a la cabeza del defensor del título.
El árbitro Edson declaró que “fue una pelea pareja. Se la di a Canto porque él colocó los golpes más duros”.
El mexicano, según la tarjeta de la Unidad Press International, ganó seis asaltos, perdió cuatro y empató cinco. Canto se apuntó los rounds uno, dos, tres, diez, doce y trece. Oguma se apuntó los episodios cuatro, ocho, catorce y quince, y resultaron tablas el cinco, seis, siete, nueve y once de una movidísima pelea.
Canto es el primer boxeador de Yucatán que consigue una corona mundial. Solo otros dos mexicanos han sido campeones mundiales: el veterano José Ángel “Mantequilla” Nápoles, en peso wélter, y el gallo Rodolfo Martínez, quien destronó a Rafael Herrera en combate que se efectuó en México el 7 de diciembre último.
Lamentan el “olvido” a “El Maestro”
Desde Santiago de Chile, Sebastián Farías, periodista y escritor que busca a Miguel Canto para un trabajo editorial sobre la vida de Martín Vargas, pregunta: “¿Hay algún monumento o alguna arena que lleve el nombre de Miguel Canto en Yucatán?”.
La respuesta del Diario: en una avenida que lleva su nombre desde hace muchos años, a iniciativa de unos aficionados japoneses colocaron un busto. Y en una unidad deportiva recién remozada, colocaron el nombre de “El Maestro” a un gimnasio de boxeo.
“Es increíble que alguien tan grande para el deporte, no de Yucatán, sino de México, no le reconozcan la valía”, dice Farías, cuyo intento como periodista de nutrir su libro sobre Martín Vargas se truncó bruscamente: la leyenda yucateca del boxeo no está en condiciones de hablar, ni con él, ni prácticamente con nadie.
Canto, aquejado de problemas cerebrales, propiciados por los golpes recibidos en su larga trayectoria, convalece en su hogar en Jardines Miraflores. Una silla de ruedas es su compañera, atendido por su esposa, señora Irma Rodríguez, y un enfermero.
“Es importante para nosotros la información sobre Miguel Canto porque le ganó dos veces a Martín Vargas. Qué pena no poder tener sus opiniones”, afirma.
El deportista que ha puesto más en alto el nombre de Yucatán en el mundo vive con escaso apoyo (una pensión suya, una beca de la Fundación Telmex por ser excampeón mundial de boxeo y una de un empresario).
Todo eso sorprende a Sebastián Farías, quien relata que a Martín Vargas le construyeron una estatua en su ciudad natal y existe una fundación de apoyo al deportista con el nombre del que fuera aspirante al trono mundial.
Miguel, celebrando hoy cinco décadas de haberse coronado, perdió en poco tiempo del año pasado a dos hombres fundamentales en su carrera: a Jesús “Cholain” Rivero, quien fue su mánager, maestro de vida y de boxeo. Luego, a su hermano Carlos, quien fue su motor desde los años en que decidió ser boxeador hasta el final de su trayectoria en el ring. En Facebook, cuadrilaterostudio publicó: “Nombrado como el ‘Peleador del Siglo’ en la categoría de peso mosca por la agencia Associated Press, el legado de Miguel Canto es eterno. Su historia es un testimonio de resiliencia, habilidad y pasión por el deporte. Miguel Canto es más que un boxeador; es un ícono que representa lo mejor del deporte mexicano. Su carrera y legado son un faro de inspiración para las futuras generaciones de pugilistas. ‘El Maestro’ nos enseñó que, sin importar las adversidades, siempre es posible levantarse y seguir luchando”.— Gaspar Silveira Malaver




