Amigos aficionados…

Imposible olvidar una frase de uno de los taurinos más conocedores y exigentes del mundo cuando vio las partes esenciales del compendio “La Fiesta no manifiesta”.

José Carlos Arévalo, que fue el motor editorial y crítico de “6Toros6”, dijo abiertamente: “Yo que creía haber visto todo, ¿por qué no había visto de esto?”

Se refería al fervor de los pueblos yucatecos que se traduce en tradiciones solemnes en que la fiesta de los toros tiene mucha expresión. Y, también aceptó Victorino Martín García sobre el tema, “esas fiestas sin los toros, no serían nada”.

¿A qué viene esto?

Se celebró en días pasados en el municipio de Chichimilá un festejo al que sus organizadores bautizaron como “Corrida de castas”. Tarde de esas que, con el respeto de los criterios de tirios y troyanos, son los que dejan huella.

No fue en un tablado, sino en una plaza portátil, pero el aforo se llenó para ver a dos matadores de toros que partieron plaza vestidos de blanco, con guayabera de manga larga, como mestizos, igual que sus cuadrillas, algunos con su delantal. Desde que la organizaron se auguraba un suceso y lo fue. Era una corrida blanca.

El ganadero Eusebio Díaz “Gimo” y el fotógrafo Eduardo Puerto fueron dos de los gestores para que toreen esa tarde Antonio Ferrera, figura de España, y Jusef Hernández Medina, diestro de casa que siempre busca sacar del baúl las suertes antiguas (desfiló con su garrocha, que usó luego, junto con el famoso cajón de Tancredo). Para locos, esos momentos muy especiales.

Fue un acontecimiento, no hay duda, desde la bendición y la ofrenda frente a la Virgen de la Consolación, que encabezaría luego la procesión. En el ruedo, tras el desfile, se hizo una ofrenda con la tradicional bebida del brebaje de los dioses mayas, reposado en un Chúuj tradicional (calabazo). Antes de la salida del tercer toro, hubo otra ceremonia maya conocida como Xibalbá con fuego y tambores.

Todo eso acaparó miradas aquí y allá. Y en cuanto al toreo, se corrieron astados de Javier Garfias, “El Grullo” y Ordaz, siendo indultado uno, del primer hierro, de nombre “Caudillo”. Ustedes saben que si a Ferrera le toca un toro y está en su día, el extremeño la arma en grande. De salir en hombros en la Plaza de Las Ventas de Madrid, de la México y tocar pelo en la Real Maestranza, se fue en hombros de Chichimilá, vestido de mestizo.

El mundo del toreo, en parte por la presencia de Ferrera, conocido en todos lados, volteó miradas hacia esta “Corrida de Castas”, una impresionante mezcla de tradiciones y fervor, con la fiesta de los toros como eje central.

No hay duda, como en la pregunta de José Carlos Arévalo desde la Sala “Antonio Bienvenida” de Las Ventas, de que el mundo del toreo no ha visto todo lo que Yucatán y sus pueblos pueden brindar. Sus grandes figuras, su Manolete, su Paco Camino, su Cordobés, y muchos más, son solo parte de la grandeza de la tauromaquia, con el fervor de su gente. Gaspar Silveira Malaver

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán