Joselito Adame y Andrés Roca Rey compartieron la gloria en la Plaza Monumental de Aguascalientes, tras cortar dos orejas cada uno y salir en hombros el viernes, en una jornada de San Marcos con lleno histórico.

La libertad en el acceso se notó en comparación con la reaparición de José Tomás, cuando la reventa fue brutal. Esta vez, el control permitió que casi 15 mil aficionados asistieran sin abusos.

Tequisquiapan y Villa Carmela llevaron toros con nobleza, pero escasa bravura. La emoción la pusieron los toreros, que pelearon cada embestida para mantener viva la expectación.

Adame, ante su primer toro de Tequisquiapan, mostró firmeza, sobriedad e inteligencia. Lo llevó de terrenos a medios, luego a tablas, logrando una faena estructurada y rubricada con una estocada entera, aunque algo caída.

El público reconoció su labor premiándolo con dos orejas. En sus otros turnos, aunque derrochó oficio y técnica, poco pudo hacer con sus enemigos, y el público no terminó de entregarse.

Roca Rey, consciente de la responsabilidad tras su triunfo del año anterior, lidió con firmeza a un primer toro orientado y brusco, sin retroceder un paso en su empeño.

Su momento culminante llegó con el cuarto toro. Una faena de entrega total ante un astado que embestía lento, de manera sosa y peligrosa. Aguantar esos viajes exigió temple absoluto.

Hubo momentos en los que el pitón rozó a Roca Rey, mostrando el riesgo de enfrentar un toro que “sabe” dónde está el torero. El peruano coronó su obra con un soberbio estoconazo.

Recibió las dos orejas entre ovaciones atronadoras. Con sus otros dos toros, la falta de raza impidió lucimientos, aunque su toreo de capote fue variado y emocionante.

El duelo cerró “a mano”, con dos estilos distintos pero sinceros, en una tarde en la que la pasión y la verdad volvieron a mandar en la Feria de San Marcos.

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