El cardenal ibero Juan José Omella, al llegar al cónclave
El cardenal ibero Juan José Omella, al llegar al cónclave

Amigos aficionados…

En el mundo del toro se suele decir “que Dios reparta suerte” antes de un paseíllo o alguna actividad equis.

En estos días en que los ojos de la humanidad están colocados sobre el Vaticano por la muerte del papa Francisco y el arranque del cónclave para elegir al Romano Pontífice 267 de la historia, surge una historia que algunas veces se ha contado y que ayer de forma especial algunos aficionados nos compartieron: un cardenal aficionado a los toros.

Y no solo eso, sino que quería ser torero.

Varias páginas relacionadas con el toreo publicaron detalles de la vida de monseñor Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, quien fuera presidente de la Comisión Episcopal de España y entró al cónclave entre la lista de “papables”, que, siendo niño, fue un gran aficionado a la tauromaquia.

El cardenal Omella es originario de Cretas, entonces un pueblito de unos 600 habitantes sito en Teruel, y su afición nació por ver a uno de los toreros referentes de esa región, el gran Nicanor Villalta, conocido como “El Coloso de Cretas”.

Como muchos otros, de diversos ámbitos, Juan José Omella se decantó por seguir otro camino, el del sacerdocio, llegando hasta el máximo honor que confiere el catolicismo antes del papado. ¡Cuántos no hemos leído que quisieron ser toreros y terminaron siendo leyendas!

En la página de la Fundación del Toro de Lidia se publicó ayer que “de pequeño quiso ser torero para emular los pasos de su paisano (Villalta) y él mismo lo ha confesado en distintas entrevistas. Pero la vida le llevó por otros caminos. Ahora podría convertirse en el 267 Papa”.

Y ahora, con el inicio del cónclave, bien se podría decir también: “Que Dios reparta suerte”.

Gaspar Silveira Malaver

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