• Estudios han detectado plaguicidas, metales pesados y microplásticos en pozos y cenotes. La foto es una jornada de limpieza en Homún

En Yucatán, donde el agua parece infinita bajo la superficie, el subsuelo comienza a revelar otra historia. En el marco del Día Mundial del Agua, especialistas advierten que la entidad, y en particular Mérida, enfrenta un cambio silencioso pero acelerado en la disponibilidad y calidad de su recurso más vital.

El doctor Rodrigo Llanes Salazar, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, lo expone con claridad: la demanda de agua en el estado ha crecido a un ritmo que no se explica únicamente por el aumento poblacional.

Mientras en 1995 se extraían alrededor de 550 millones de metros cúbicos anuales, entre 2000 y 2010 el volumen prácticamente se duplicó, al superar los mil millones. “No es que seamos el doble de personas, pero sí estamos extrayendo el doble de agua”, advierte.

La tendencia no se ha detenido. Entre 2010 y 2025, la población creció cerca de 28%, mientras que la extracción volvió a incrementarse de manera significativa.

Este desfase revela un patrón claro: la presión sobre el acuífero responde, en gran medida, a actividades industriales e inmobiliarias, más que al consumo doméstico.

En este contexto, el acuífero kárstico —la vasta red subterránea que abastece a Yucatán— se presenta como un sistema tan generoso como frágil. Su composición de roca caliza, altamente porosa, permite la rápida circulación del agua, pero también facilita la infiltración de contaminantes.

Durante años el consenso académico señalaba que el principal problema era la calidad; hoy, a esa preocupación se suma la sobreexplotación.

Señales en el agua de Yucatán

Las señales son visibles a escala regional. Aunque a nivel estatal aún se reporta disponibilidad positiva, en la zona norte —que incluye Mérida y el Anillo de Cenotes— ya se registran déficits.

En poco más de una década el volumen de extracción en esta área se duplicó, lo que la coloca en números rojos. A ello se suman concesiones de gran escala para industrias que demandan millones de metros cúbicos anuales.

El impacto no es solo en la cantidad. La sobreextracción comienza a reflejarse en procesos como la intrusión salina, en los que el agua de mar avanza hacia el acuífero dulce.

Habitantes de zonas costeras como Hunucmá reportan cambios en el sabor del agua, mientras estudios científicos han detectado plaguicidas, metales pesados y microplásticos en pozos y cenotes.

La complejidad radica en que el acuífero no reconoce fronteras visibles: lo que se infiltra en un punto puede desplazarse rápidamente a otro. “Lo que entra al acuífero es de todos”, resume el investigador.

En este escenario, advierte que Yucatán podría transitar de un contexto de estrés hídrico a uno más profundo: la llamada “bancarrota hídrica”, concepto impulsado por el científico Kaveh Madani, que describe daños difíciles de revertir.

A pesar de ello, persisten vacíos regulatorios. El estado carece de una ley de aguas propia y la planeación no siempre considera las diferencias regionales, lo que permite la instalación de proyectos intensivos en consumo hídrico incluso en zonas con déficit.

Replanteamiento

Para el investigador, el reto no se limita a restringir el uso del agua, sino a replantear el modelo de desarrollo hacia actividades con menor huella hídrica, acompañado de mayor educación ambiental sobre la fragilidad del territorio.

En este contexto, el especialista también destacó la relevancia de la visita a México de Marcos Orellana, quien incluyó a Yucatán en su agenda por los riesgos asociados a la contaminación del agua.

El relator alertó sobre la expansión acelerada de las llamadas “granjas porcícolas”.

El experto subrayó que soluciones como los biodigestores no resuelven de fondo el problema, mientras persisten efectos como la contaminación del acuífero, la deforestación y las afectaciones a la salud.

El doctor Llanes coincidió con los señalamientos del relator sobre la falta de regulación efectiva y de procesos adecuados de consulta a comunidades indígenas, así como la necesidad de reforzar la supervisión de estas industrias.

Aunque se han registrado avances puntuales, advirtió que el desafío es estructural y exige medidas más contundentes para proteger el acuífero y garantizar el derecho al agua en la entidad. Mientras tanto, bajo la superficie, el agua continúa su tránsito por cavernas y cenotes, cada vez con mayor presión, en un equilibrio que ya no puede darse por hecho.

¿Qué es “Bancarrota hídrica”?

La “bancarrota hídrica” amenaza regiones con sobreexplotación y deterioro irreversible.

El concepto fue desarrollado por el científico iraní Kaveh Madani para describir sistemas donde el uso del agua supera su capacidad natural de recuperación.

Se considera una etapa más grave que el estrés hídrico, ya que implica daños estructurales en acuíferos y ecosistemas que pueden ser irreversibles.

Entre sus principales causas están la sobreexplotación de acuíferos, la agricultura intensiva y la mala gestión del recurso. Sus efectos incluyen hundimiento del suelo, intrusión salina, pérdida de biodiversidad y conflictos sociales.