Una buena corrida de Núñez del Cuvillo ha propiciado una tarde de toreo grande y bello en la bicentenaria plaza de toros de Aranjuez, en la que el deslumbrante genio de Morante y Juan Ortega hizo las delicias de una plaza casi llena en la que los sevillanos salieron a hombros junto a Manzanares.
Aún revoloteaban por Aranjuez en la memoria de muchos —y muchas— los lances venteños de capote y muleta de Morante del pasado miércoles y, sin alcanzar tales cotas, en el Real Sitio también vimos torear, y de qué forma, a Morante y a Juan Ortega, aunque Manzanares también saliera a hombros.
El primero se movió mortecino y rebrincado por el pitón derecho, y se deslizó más tras las telas por el izquierdo, que fue por el que llegó el toreo más destacado de Morante con la muleta, con varios naturales deletreados, erguida la planta, en un trasteo iniciado sentado en el estribo y que antes fue brindado a la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presente en un burladero del callejón.
La buena rúbrica con la espada puso la primera oreja de la tarde en su mano, paseada en una vuelta por la que podría haber escuchado un aviso.
A buen seguro que espoleado por el nivel de toreo exhibido por Juan Ortega en el tercero, Morante le dio fiesta al cuarto con el capote, tanto en el recibo como en un quite, basados ambos en lances a la verónica.
Su antagonista se movió algo desordenado pero con emoción, y el de la Puebla del Río lo disfrutó e hizo disfrutar en una labor encajada, ligada, abundante en cantidad y calidad.
Juan Ortega no esperó al último tercio para levantar el Olé de los tendidos. Primero fue a la verónica, y a continuación en el quite por gaoneras llevando al buen toro de Cuvillo muy toreado con garbo.
El epílogo llegó en forma de soberbios ayudados por alto de nuevo genuflexo.
De no pinchar, habría paseado dos en lugar de tan solo una oreja. Pero sí las paseó, junto con el rabo, en el buen sexto, premiado con la vuelta al ruedo.
Tarde gris
Tomás Rufo insistió en salir por la Puerta Grande de Madrid durante la Feria de San Isidro 2025, aunque sus faenas tuvieron más ataque que ligazón. La corrida de El Parralejo resultó desigual y deslucida, salvo por el sexto toro que permitió a Rufo mostrar su mejor toreo y rozar la oreja. Fernando Adrián y Miguel Ángel Perera no lograron conectar con sus lotes, complicados y de escaso juego. Adrián luchó con voluntad frente a un toro que embistió sin clase, mientras Perera tuvo pocas opciones con animales sin entrega.
Fue una tarde marcada por la dificultad y el poco lucimiento en Las Ventas, con un lleno y exigente afición.


