¡Gracias, Diario! Sí, gracias al Diario de Yucatán por su amplia cobertura al deceso y, previo, a la grave enfermedad de Carlos Paz.
Se fue un valor del béisbol mexicano, un hombre que dio su vida por este deporte, principalmente en nuestro querido estado de Yucatán, que también lo fue para él.
En la misa de cenizas en su honor, el capellán de los Leones, padre Lorenzo Mex Jiménez, dijo que Carlos vino de Cuba a dar, no a robar, pero que sí, nos robó el corazón. Le creo al padre. Pero siendo más pragmáticos, Carlos trajo a Yucatán mucho de lo que aprendió continuamente en su afán de ser un buen dirigente del béisbol y lo logró. Aportó mucho.
Sin embargo, no es el objetivo de este artículo.
Hoy, lo que quiero a más de agradecer al Diario su cobertura a la partida de Carlos, es manifestar mi extrañeza por la falta de solidaridad para con él de la gente del béisbol en los momentos de su enfermedad y de su partida.
Yo no reclamo nada. ¿Qué derecho tengo de hacerlo? Ninguno. Pero sí tengo el derecho de extrañar la ausencia de gente de béisbol, principalmente de uniforme, en el velorio y en la posterior misa en el Parque Kukulcán. ¿Quiénes asistieron? Nadie. ¿Por qué? No lo sé. Ahora, la frase que suena más hueca en mis oídos es: “En el béisbol todos somos una familia”. Yo me pregunto: ¿lo somos? Mi respuesta: ¡¡¡Bahh!!!
Agradecemos a varios amigos que respondieron con su apoyo a una colecta que hizo Alfredo Bolio en favor de Carlos en momentos económicos difíciles: Alfredo Guzmán, Gabriel Torres, Fernando Delgado, Carlos García Nasar, Chikry Abimerhi, Luis Marrufo Buenfil y José Chapur Zahoul. A los doctores David Domínguez y Jimmy Couoh, que se prodigaron en atención médica sin costo alguno. Al director de la Clínica de Mérida, doctor Juan Carlos Navarrete Jaimes, por las facilidades otorgadas por la institución en la atención en los momentos de urgencia. Al club Leones por otorgar las facilidades para celebrar la misa de cenizas. Directivos y amables ejecutivos que nos prodigaron sus atenciones.
Carlos, te fuiste como procuramos y tú hubieras querido, con respeto y mucha dignidad. Te asistimos en todo lo posible física y espiritualmente. El padre Jorge Carlos Menéndez Moguel, profundamente ligado al béisbol, supo de tu enfermedad y pidió aplicarte los Santos Óleos.
Tu ahijada Lilly Aldama y la familia del “Coronel”, tu buena amiga Narda Acevedo y su grupo de amigas, estuvieron con nosotros, tus verdaderos amigos, hasta el final: Alfredo Bolio Loría, Aurelio Canales González; tu fiel asistente por 12 años, Freddy López Carrillo, y quien esto escribe. Pero ahí estaban, a la distancia, siempre dispuestos a la ayuda de cualquier tipo de necesidad, económica y de orientación legal, tu entrañable amigo Arturo Limón, tu amigo y admirador de estrategia, Jorge Carlos Ramírez, y tu querido sobrino George Betancourt Paz.
Por ahora, sólo te decimos adiós amigo. Y, como platicamos en tus momentos finales, nos volveremos a encontrar y seguiremos charlando de béisbol. Mérida, julio de 2025
