La maldición es cadena que varios equipos de Grandes Ligas han cargado durante muchos años. Ese deseo que el conjunto sufra algún mal ha estado presente en el ánimo de muchos aficionados hacia determinadas franquicias. Hay muchas y muy variadas, como “La maldición del Bambino”. Al ser vendido Babe Ruth de Boston a Nueva York, independientemente de haber sido la peor transacción económica para los Medias Rojas, se convirtió en una de las imprecaciones más famosas. Tardaron más de 85 años para nulificarla.
Hoy comentaré tres condenaciones no menos famosas en el Gran Circo.
Primera: “La maldición de Eddie Grant”.
Pocos aficionados saben de la anatematización de Eddie Grant, jugador de los Gigantes de Nueva York, cuando éstos jugaban en el estadio Polo Grounds. Durante la Primera Gran Guerra ese jugador se alistó en el ejército, pero lamentablemente murió en combate. La directiva, como homenaje, colocó una placa en el estadio. Tiempo después la franquicia se mudó a San Francisco, pero olvidaron la placa. Grant desde el cielo les mandó el reniego. Con esa maldición a cuestas los Gigantes no ganaban ninguna Serie Mundial, hasta que la directiva mandó a colocar una réplica de la placa original de Eddie en el ahora Oracle Park en el barrio de South Beach. Cuatro años después San Francisco ganaba el anhelado trofeo, pasaron 53 años para conjurar el maleficio.
Segunda: “La maldición de la cabra”.
William Sianis era propietario de un bar en Chicago llamado “Billy Goat”, cuya mascota era una cabra llamada Murphy. Sianis era devoto aficionado a los Cachorros y asistía con regularidad a los desafíos.
En el cuarto juego de la Serie Mundial celebrada en el año 1945, William se presentó al estadio Wrigley Field acompañado de su mascota, la cual iba elegantemente ataviada y con boleto, pero para su sorpresa no lo dejaron entrar con el argumento de que el olor del caprino molestaba a los asistentes. Enojado Sianis gritó en arameo a todo pulmón que los Cachorros no ganarían la Serie Mundial ni ninguna otra y se retiró furibundo con su bovino.
Los Cachorros perdieron la serie y pasaron 108 largos años para quitarse el conjuro. En este caso el refrán de que no hay mal que dure cien años, no tuvo aplicación.
Tercera: “La maldición de los Black Sox” (los Medias Negras).
Corría el año 1919 y la Serie Mundial se celebró entre los Medias Blancas de Chicago y los Rojos de Cincinnati. Varios jugadores acordaron perder la Serie Mundial, según se sabe por los bajos salarios. Cincinnati ganó el Clásico de Otoño y los conspiradores (con Joe “El Descalzo” Jackson como el más famoso) fueron expulsados de por vida del béisbol, pero la franquicia cargó sobre sus hombros el maleficio, que duró 88 años, hasta que los Medias Blancas pudieron vencerlo en el año 2005, cuando ganaron la Serie Mundial ante Houston. Mérida, agosto de 2025
